Las composiciones son impresionantes, las evocaciones de la muerte y la transformación social son poderosas y el erotismo muy potente. Sin duda alguna, una de las mejores películas soviéticas.
Obra maestra. La dirección de Sternberg se sitúa justo detrás de 'The Docks of New York', posicionando esta película como su segunda mejor obra en el cine mudo.
Esta extraordinaria obra de artesanía y destreza integra sus deslumbrantes efectos especiales de manera tan fluida que son indistinguibles de la narración, la poesía y, sobre todo, la metafísica de la película.
Zeta-Jones no es la mejor elección para el papel, ya que no refleja el mismo brío e inteligencia que Martina Gedeck mostró en la película original. Además, el guion poco acertado y sobrecargado de Carol Fuchs contribuye a que su personaje resulte inestable.
Los resultados son predecibles y un tanto entretenidos. Muestra los aspectos negativos de manera efectiva, pero como la comida rápida, a las dos horas sientes hambre nuevamente.
En general, la adaptación es fiel, pero algunas cualidades del lenguaje de Dinesen se han perdido y la dimensión política se ha simplificado innecesariamente.
Combina el musical rock con el thriller de espías y explora otros géneros de manera efectiva. La creatividad cómica se mantiene en un nivel elevado a lo largo de la película.
Lejos de evitar las implicaciones más horteras de este concepto, la película se deleita en ellas como un cachorro en un trébol; la frase de Martin '¡Al barro, reina del fango!' por sí sola casi vale el precio de la entrada.
Las travesuras subversivas y a veces inquietantes de Dante, que juegan con el proceso de ver una película, revelan no sólo un escepticismo hacia el medio, sino un profundo respeto por el espectador.