A diferencia de la mayoría de las películas de terror, esta obra otorga igual relevancia a la realidad y a la fantasía, siendo la primera incluso más aterradora.
Este elegante y sentido homenaje al innovador diseñador de automóviles Preston Thomas Tucker es una de las películas más personales y logradas de Francis Ford Coppola.
Su mayor problema es el guion de Tom Schulman, que flaquea en varios aspectos. A veces la destreza directoral de Weir esconde los defectos de este vehículo inestable.
Algo floja en algunos aspectos, pero es gratificante ver a De Niro tomar su propio camino. A pesar del sentimentalismo y de algunos fallos directorales, es una obra respetable.
Obra maestra. Un retrato de grupo extremadamente denso y con textura que alcanza sus momentos más logrados en fiestas, conciertos, clubes nocturnos y otros lugares concurridos.
Es visualmente expansiva pero simplifica a nivel intelectual y formal. Falsea al original, transformando la acción en un proceso estrictamente lineal y eliminando gran parte del contenido ensayístico.
Ken Marino, quien da vida al excavador más torpe, es el encargado del guion. Cuando no intenta forzar momentos de solemnidad, su trabajo resulta entretenido y sorprendente.
A nivel visual, esta entrega resulta menos innovadora que la anterior y su representación puede generar dudas. Sin embargo, en términos cinematográficos, se trata de una película verdaderamente impresionante.