Ken Marino, quien da vida al excavador más torpe, es el encargado del guion. Cuando no intenta forzar momentos de solemnidad, su trabajo resulta entretenido y sorprendente.
A nivel visual, esta entrega resulta menos innovadora que la anterior y su representación puede generar dudas. Sin embargo, en términos cinematográficos, se trata de una película verdaderamente impresionante.
Tiene un lado expositivo interesante, con los personajes de De Niro y Joe Pesci haciendo de narradores interactivos, pero la película no se vuelve envolvente como drama.
Un drama meticuloso pero bastante ordinario que poco a poco me fue ganando como ejemplo menor pero entretenido de esa 'victoria frente a la adversidad' típica del heroísmo militar en el que se especializó John Ford.
Las actuaciones son tan buenas que suelen trascender la simplicidad del guion y cada vez que Day-Lewis y Postlethwaite están en pantalla, la película vibra.
Representa cierta mejora moral respecto a sus predecesoras, ya que rechaza celebrar y condenar la violencia y la hipocresía al mismo tiempo, o al menos en el mismo grado.
El resultado es interesante pero muestra el peligro de estar influenciado por Werner Herzog: sus reflexiones y su tono de film noir eclipsan a los hechos del caso.
Porno bélico. Adaptar una novela es complejo, pero hacerlo con memorias lo es aún más. Muchos de los eventos mencionados en 'Jarhead' carecen de una estrategia que los respalde de manera convincente.
No hay planos aburridos; Schnabel se divierte experimentando con sonidos expresionistas, un montaje neo-Eisensteiniano y diversas ideas cinematográficas.
Aunque su misterio es fácil de seguir, la película resulta insatisfactoria, ya que intenta generar una atmósfera de terror al prolongar las preguntas sin ofrecer respuestas.