Se mueve invariablemente en esa línea de humor popular tirando a pedestre. La función se apoya en el supuesto de que una galería de caricaturas extravagantes a cargo de actores familiares seducirá al respetable.
Pese a un impecable diseño de producción, un reparto soberbio y una intriga interesante, es un filme demasiado disperso, reiterativo y carente de temperamento visual.
Pese a sus virtudes, 'Big Eyes' no logra irradiar fascinación ni contagiar pasión; carece de matices y se encuentra, en definitiva, a mil leguas de distancia de 'Ed Wood'.
Miranda Otto, en el papel de la poeta, y Glória Pires, como su amante, aportan una gran intensidad y autenticidad a esta historia biográfica. Sin sus interpretaciones magistrales, el relato podría caer fácilmente en el olvido.
Una más que arriesgada apuesta por el cine kitsch y la estética de fotonovela. Una delicia que, no lo duden, tendrá tantos detractores como defensores. Lo mejor: la distinguidísima reunión de grandes damas del cine galo. Lo peor: el nulo interés de la intriga.
La película no se conforma con una narrativa superficial. Su estructura es laberíntica y no lineal, lo que permite una inmersión profunda en los personajes. Todo se presenta con una densidad única, reflejando una profunda y trágica poesía.
No brilla en ninguna de sus facetas, ni siquiera en el apartado interpretativo. En cuanto a la estética visual, se ajusta a la época, aunque recuerda más a Norman Jewison que a Blake Edwards.
Es una película tan bien planchada como exenta de fulgor cinematográfico. Quien anda sobrado de carisma es Bruce Dern, que casi sin pronunciar palabra clava al patriarca de los Kennedy.
Una colorida y alocada celebración de los alegres años sesenta, llena de pop y con un toque de Bond en su esencia. La trama presenta una intriga bien construida, complementada con sutiles dosis de humor. Es un pasatiempo inteligente y revitalizante.
A más de uno esta historia de amor con un punto de melancolía existencial le puede recordar "Los puentes de Madison". Pero el papá de Mary Stuart Masterson no es Clint Eastwood y eso se nota. La trama se vuelve tediosa.
El tono, la atmósfera inquietante y la puesta en escena son aceptables. También el reparto ofrece un buen rendimiento. Sin embargo, el guion no cumple con las expectativas, aunque en su conjunto logra evocar un aire saludable de cine de género bien elaborado.
Jota ha realizado un trabajo magnífico, serio y meticuloso, sin recrearse en el efecto morboso ni en el dramatismo inflamado y centrando la atención en el paso lento de los días.
El juego, que deriva hacia el relato fantástico y cuenta con una esencia resnaisiana, resulta cautivador y se sigue con interés, a pesar de que hay ciertos pasajes o diálogos que podrían considerarse algo artificiosos.
Además de una lección de historia, es un ensayo sobre la capacidad del lenguaje cinematográfico para evocar la memoria personal desde la más radical, casi osada, propuesta estética. A un centímetro de la obra maestra.
Extraordinaria adaptación de la novela, presenta una estructura rígida y compleja. Las interpretaciones de sus jóvenes actores son nuevas y magníficas, destacando en escenas escabrosas y con sexo explícito que resultan verdaderamente impactantes.