Elemental en todos sus apartados, no es sin embargo una obra despreciable: su tono festivo, su ritmo acelerado, algunas ingeniosas líneas de diálogo. Es como una movida fiesta de pijamas para preadolescentes.
Deslumbrante cuento gótico. El filme se presenta como un anclaje poético de motivos y elementos del género, abrazados por la admiración que siente un verdadero cineasta. Su habilidad para combinar lo radical con lo estético lo convierte en una obra destacada.
Varían algunos detalles, aunque la historia y su desarrollo son clavados a los del filme de Steven Spielberg y Tobe Hooper. Pero tiene brío, impacto y una factura brillante.
El resultado es decoroso, simpático y efervescente. La primera parte parece ir mucho más en serio de lo que iba la de Raimi, alcanzando su cúspide en los inenarrables diez minutos finales.
Patiño ha realizado una excursión exótica y trascendental. Su obra, de vocación minoritaria, puede ser vista de diferentes maneras; su ausencia en los grandes premios puede considerarse un triunfo en lugar de una derrota.
Un cóctel explosivo que combina elementos de Lynch, Malick y el Cronenberg más provocador, resulta en una obra hermética pero impregnada de inquietud y fascinación.
Sigue la línea abierta en los últimos tres lustros por el director, centrándose en un enfoque ensayístico y reflexivo. Reformula el lenguaje con una abundancia de texturas que los conocedores apreciarán.
Pone el piloto automático sobre el molde narrativo y estructural de la de Hallström. Retahíla de viñetas sin matices, donde todo es muy bueno o muy malo y convenientemente rociado con generosas dosis de almíbar.
Una comedia familiar visualmente llamativa, aunque superficial. Presenta un doble mensaje similar al de 'Stuart Little', pero con una dosis excesiva de sentimentalismo.
Secuela innecesaria. La trama se basa únicamente en la acción, careciendo de un argumento convincente y sin lograr ofrecer un solo momento cómico que se pueda considerar destacable.
Comedia con cicuta. Tibia visualmente, contiene suficientes dosis de subversión como para no pasar desapercibida. Y un secundario eminente: Jeffrey Tambor.
Perfectamente ejecutada, Whiplash ofrece un apasionante duelo que atrapa al espectador. Especial mención merece la impresionante actuación de Simmons, quien brilla en cada escena.
La comedia y el melodrama se entrelazan en esta muestra de una felicidad desgastada, construida a partir de una ternura sutil. Es una obra destacable que logra capturar la esencia de las emociones humanas.
Morgan Freeman y Diane Keaton ofrecen actuaciones sobresalientes y aportan credibilidad a su inusual matrimonio, aunque los flashbacks que ilustran su juventud resultan un tanto forzados.