Fantasía delirante. Es una premisa digna de un episodio de 'The Twilight Zone', enriquecida con una subtrama sobre un pene electrónico y hormigas al estilo buñueliano. Irresistible.
La trama es trivial, pero el relato funciona, y muy bien, gracias a situaciones jocosas en las que brillan los diálogos y por la química entre los actores y actrices, todos en su salsa.
La primera media hora resulta altamente divertida y afortunada. Sin embargo, el nivel de entretenimiento y el ritmo de la película disminuyen en la siguiente hora. A pesar de esto, se mantiene un estándar excepcional en las caricaturas.
Edgerton parece aturullarse en cada situación y, paradójicamente, cuanta más acción entra en juego, más sube el mercurio en nuestro termómetro del sopor.
La dirección de Gracia Querejeta carece de un poco de energía, pero eso tiene un impacto menor en la película; el ritmo es establecido por el talentoso reparto.
De entrada, pide a gritos nuestra solidaridad por su libertad expresiva. Otra cosa son sus valores cinematográficos, notablemente descompensados en un filme que va de lo mejor (o casi) a lo peor (o casi también).
Gags desmesurados pero efectivos y una inusual preferencia por el gore más grotesco. El resultado es una celebración delirante. Sin embargo, lo peor es que se olvida con la misma facilidad con la que se ve.
El film resulta algo frío en su narrativa y podría beneficiarse de un mayor dinamismo. No obstante, sigue siendo una comedia única y notablemente transgresora.
Talentos dilapidados. Aunque algunas situaciones y diálogos atesoran cierto ingenio, esta comedia negra pone su acento en la grosería, la escatología y la abundancia de tacos.
Con un acabado digno de Raimi y escenas de acción frenética en la constelación de John Woo. Aunque excesivamente larga y descompensada, propone una fiesta a la que es grato acudir se esté o no familiarizado con los superhéroes.
Con un empleo muy sólido del encuadre y los espacios y un elenco en plena forma (Emma Suárez, pletórica) Vila nos obsequia una comedia extraña y áspera, que sin duda provocará tantos rechazos como adhesiones.
Esta versión no es una perversión: los hermanos Russo han logrado otorgar a su producto una identidad propia y un buen empaque que destaca por su brío.
Historia entre el melodrama intenso y la comedia romántica. Aunque no es original, resulta agradable gracias al contraste entre los caracteres de los amantes. Su acento anticuado no llega a ser molesto.
Proeza colosal nos sumerge en un trance disfrutable, atrapándonos en un placer irracional y químicamente puro que parece provenir de otro tiempo. Se presenta como un cóctel vibrante de movimiento constante, velocidad, acrobacias y un toque de delirio.
Usufructúa la iconografía apocalíptica habitual, ofreciendo imágenes apreciables, pero la trama se centra no tanto en la protagonista como en su gato. El ritmo es lento y se cruza con momentos de aburrimiento cada diez minutos.
Comienza sugiriendo el tema de la locura y es la propia película la que comienza a enloquecer. Felizmente, la noción de verosimilitud queda desterrada de la trama y las imágenes.