El humor y la camaradería presente en la película son innegables. Se combina tanto el buen cine como elementos de entretenimiento ligero, pero lo verdaderamente notable es el espíritu vibrante y festivo que se siente a lo largo de toda la obra.
Indescriptiblemente pésima secuela. A diferencia de otras franquicias donde la distancia irónica ayuda, aquí todo intenta ser serio, lo que la convierte en una experiencia muy decepcionante.
El humor se apodera de las escenas más memorables. El espectáculo se mantiene constante, fiel al estilo de Emmerich, aunque falta originalidad que perdure en la memoria.
Una película clara y pura, que descompone las emociones más profundas del creador, mostrándolas a través de la pantalla como un espejo que refleja sus vivencias.
Es una comedia bien salpimentada. Los tres zoquetes protagonistas sostienen el edificio cómico con chispa, frases jocosas, situaciones divertidas y un humor fresco y sano que nunca cae en la vulgaridad.
La extensión temporal es esencial para adentrarnos en un maravilloso laberinto de personajes y narrativas creado por un guion excepcional, lo que la convierte en una película singular y sin par.
Su premisa resulta limitada y se siente algo superficial. Sin embargo, hay que admitir que tiene instantes realmente entretenidos; Segel y Díaz muestran una química cautivadora, y Rob Lowe brilla como un sorprendente y excelente robaescenas.
Hay pasión y un melodrama intenso, con personajes que son creíbles y emocionantes, todos ellos magníficamente interpretados. Todo se desarrolla con gran fuerza y solidez cinematográfica, acercándose a la obra maestra.
En 'Hasta el fin del mundo', los elementos temáticos, los personajes y los paisajes reflejan auténticamente los códigos del wéstern, los cuales son suavemente enriquecidos por un toque poético que aporta Mortensen. La realización es magistral.