En cuanto a la excelencia digital, la película alcanza una calidad sorprendente. Las tomas aéreas y los planos generales, junto con la energía de la narración, son completamente impecables, lo que convierte a 'Megamind' en un entretenimiento más que satisfactorio.
Tiene algo más de fuerza que su título anterior, aunque en general presenta más destellos de ingenio que de auténtico genio. Ofrece una ración aceptable de espectáculo y entretenimiento.
El producto más antishyamaliano posible, pues su estilo (...) se troca en puro exhibicionismo (...) Una fantasy vistosa, con sus apreciables dosis de magia, decorados digitales de ensueño y entretenimiento a discreción.
Da vueltas como una noria y se aborda constantemente el tema de la fe. Su interés radica en las interpretaciones, así como en el tratamiento psicológico que se hace de la fotografía, los colores tenues y el uso efectivo del escenario.
Es una obra francamente apreciable: se sitúa lo más lejos posible del temible panfleto telefilmesco y cuenta con dos portentosas composiciones de Clàudia Pons y Aina Clotet
No teman: la cinta de Ilundain es uno de esos raros ejemplos de películas educativas que se presentan de manera efectiva. Verdaguer da forma al personaje de manera admirable. Lo demás se siente como una acumulación de clichés.
La premisa argumental de esta película es verdaderamente estimulante. Sin embargo, a medida que avanza, la historia se va desdibujando y la película se pierde en ese torrente de misterios numéricos.
Hay menos toques imaginativos, menos invención y bastante más sentimentalismo, pero la diversión está asegurada y nadie en su sano juicio la despreciaría.
La belleza y pureza de sus imágenes, la línea clara y el latido romántico que bombea durante todo el metraje constatan la presencia de un narrador excepcional.
Es un retrato bienintencionado, de espíritu realista, de un adolescente conflictivo e inclinado a la delincuencia, con tendencia a enfatizar los clichés.