La belleza y pureza de sus imágenes, la línea clara y el latido romántico que bombea durante todo el metraje constatan la presencia de un narrador excepcional.
Es un retrato bienintencionado, de espíritu realista, de un adolescente conflictivo e inclinado a la delincuencia, con tendencia a enfatizar los clichés.
Historia onírica y profundamente triste. Es una obra pletórica de belleza, calidez, ternura y riqueza de detalles, con altas dosis de misterio y poesía.
Otra muestra de la permanente vitalidad del cine argentino, esta película, aunque modesta en su apariencia, aborda la problemática de la preadolescencia y logra captar la realidad de forma natural y transparente.
Excelente película, refractaria al sentimentalismo pero muy humana. Un retrato social crudo y veraz interpretado por jóvenes actores que destilan naturalidad.
Es un retrato de mujer tan riguroso como absorbente, sin maquillajes sentimentales ni lecturas en segundo grado. Se siente como un melodrama áspero de Maurice Pialat, pero a la vez está filtrado por el refinamiento y la ternura de François Truffaut.
Los escenarios están descritos con mano maestra, el tono funde admirablemente dureza y ternura, y los personajes son retratados con una serena humanidad, además de estar prodigiosamente interpretados.
Es una película bonita, pero no una colección de postales. Una película cálida, pero no pegajosa. Tierna y suave, pero ni azucarada ni cursi. Hay mucho pedigrí, mucho bouquet, en esta obra de pasmosa sencillez.
Su exposición es fresca y dinámica, el trazo con que Richard Ayoade pinta al héroe tiene el calado emotivo, hondamente melancólico de las mejores páginas de Antoine Doinel.