James Cromwell ofrece una actuación excepcional, acompañado de una conmovedora interpretación de la veterana Geneviève Bujold. Su presencia en la película hace que "Quédate conmigo" valga la pena.
Una tragedia familiar interrumpe la armonía, llevando la trama hacia un thriller de suspense resuelto con gran elegancia por Delhomme. El duelo entre las actrices es sobresaliente, sin duda lo mejor de la función.
Graves derramamientos de sentimentalismo y azúcar. Si la cosa no acaba de naufragar del todo es por el inspirado diseño de las múltiples criaturas y un aceptable dinamismo en algunas escenas de acción.
El paisaje, la comicidad y los gags feroces son claramente influencias de los hermanos Coen, pero la ejecución es apresurada y poco refinada, con una filmación a veces torpe. No se percibe la brillantez deslumbrante de 'Arizona baby'.
La ternura y la sinceridad se unen en la habilidad de generar emociones a través de las imágenes. El cine de Chaplin, que también lograba conmovernos sin necesidad de palabras, se siente cercano a "Robot dreams".
Decepciona por la fatigosa acumulación de líneas narrativas paralelas, por el exceso de situaciones absurdas y por el nulo carisma del villano, lo que provoca que la historia comience a perder fuerza.
La mirada sincera de los Dardenne evita los clichés del cine social convencional. Un simple momento de intimidad es suficiente para retratar, de manera directa, la situación de los personajes. Es una obra que sin duda habría cautivado a Rossellini.
Viene a demostrar que se puede hacer una película divertida, además de inteligente y visualmente creativa, con el tema del aburrimiento como eje central. Contiene motivos suficientes para prestarle atención.
Competentemente filmada y narrada, no va más allá del mero entretenimiento, no apto para mayores de diez años. Sin embargo, logró superar a su modelo de 1977.
Los primeros cuarenta y cinco minutos son sobresalientes. Sin embargo, el tramo final, a pesar de contar con un clímax excelente, se vuelve redundante y cansador, ya que la duración de dos horas resulta excesiva.
Es un extraño, curioso y pintoresco western que, en ocasiones, evoca la obra de los hermanos Coen. Los baños de sangre, por otro lado, evocan el estilo de Peckinpah, fusionado con influencias de Monte Hellman y Jarmusch.
El viaje presenta múltiples incidencias, salpicado de humor y ciertos momentos de coqueteo sentimental. Lo más relevante es la química que emana la pareja, lo cual realza el atractivo de la película.
Escatología, palabras gruesas, alusiones al sexo y guiños a la cultura popular se presentan nuevamente con un ingenio admirable y, en ocasiones, con un exceso reprobable.
Trama de equívocos amorosos deliciosa, aérea e hipervitaminada en la que incluso participa un muppet (un topo oculto en el jardín) como testigo mudo. Genio y figura hasta la sepultura.