Ritmo, diseño de producción y composición visual atesoran apreciables niveles de calidad. Se presenta como un entretenimiento vigoroso y sin duda lo mejor de Besson desde Juana de Arco.
Una mirada nada compasiva a la realidad extremeña de principios de siglo. Reconstrucción de ambientes notable. Interpretaciones a veces sobresalientes, pero se percibe una sensación general de encorsetamiento y un riesgo que no se aprovecha al máximo.
El filme político español más profundo y sin concesiones de los años de la transición, dotado de personajes intensos y creíbles y de una solidez en la fotografía, el vestuario, la reconstrucción de época y la música, todo de alto nivel.
No hay rastros de humildad en 'Babylon', sino una megalomanía exacerbada. Son tres horas desiguales y descompensadas, repletas de momentos de buen cine en contraposición a la grandilocuencia gratuita.
Todo, en “Downton Abbey”, está en su sitio, todo transcurre plácidamente sobre el molde establecido por la serie y todo es, por supuesto, resplandeciente, majestuoso, aristocráticamente esmaltado.
Película sin especiales pretensiones, cosa de agradecer, cuidada en lo ambiental, realizada con corrección escolástica. Sin embargo, le falta un punto más de temperamento visual.
Es una auténtica delicia. Allen demuestra una vez más que no necesita crear obras maestras perfectas para llenar de felicidad al espectador durante hora y media.
Tal vez el más célebre de todos los musicales. Y por algo: una obra maestra, una muestra insuperable de la vitalidad del género, su contagiosa frescura y su espíritu. Con momentos que jamás han sido superados por ninguna otra película musical.
Una gran historia verídica y un mensaje de profundo impacto humano. Sin embargo, el filme resulta ser bastante convencional en su aspecto formal. Auquer se destaca con una actuación realmente notable.
Para los nostálgicos de Mary Poppins y niños en general, se presenta un espectáculo infantil deslumbrante, lleno de alegría y ligereza, con números musicales que son más que satisfactorios.
Un cuento de hadas con un clímax que transforma un estadio en una falla valenciana, coronando así las hazañas del atleta esbelto, puro y demiurgo. Es notable la fotografía metálica de Caleb Deschanel.
No es ésta la mejor película de Steven Spierlberg pero sí una película trepidante, irresistible, capaz de poner en la palestra a quien es el héroe por antonomasia del cine de hoy, Indiana Jones
Una obra tan desigual como atractiva. Es un film conversacional, con muchos, tal vez demasiados diálogos entre el fatigado héroe y la seductora condesa. Pero por el lado contemplativo es una delicatesen visual.