Es una de las películas menos sexuales y, al mismo tiempo, más cargadas de sexo que este espectador ha visto. Destaca un propósito loable de desafiar la inercia y los clichés, además de una clara conciencia de lo que se busca transmitir.
La propuesta logra que su ironía sobre los lugares comunes del género no afecte su capacidad para atraer al público de las multisalas. Esto reafirma a la guionista de Juno como una astuta crítica satírica de la actualidad.
Una mirada coral y enfebrecida a las transacciones químico-venéreas de una juventud en caída libre: creen haber hecho 'Trainspotting' (1996) pero les ha salido algo más parecido a 'Groovy' [Novela de José María Carrascal de 1972] (o a Martín Vigil).
Es uno de esos productos comerciales muy competentes que el cine francés produce con notable regularidad. La simple presencia de Marceau logra que la película se perciba menos trivial de lo que realmente es.
Lago y Cervantes se entregan con energía, verdad y convicción, mientras Gómez Pereira aporta frialdad y un autocontrol que en ocasiones se asemeja a la inercia, a diferencia del fuego y el apasionado ímpetu que mostró en 'Entre las piernas'.
Van Sant logra atrapar la verdad de una voz y una mirada adolescentes, a través de una elaborada estrategia formal y de un control absoluto de su lenguaje.
XXY es pura complejidad destilada en precisión de discurso. Es una de las historias de amor más heterodoxas y delicadas que este crítico ha visto en mucho tiempo. Puenzo logra encontrar el lenguaje perfecto para expresar todo sin caer en sobreactuaciones.
Un material que se distancia en tono, intenciones y espectacularidad de Las crónicas de Narnia. Es un relato cruel, más dirigido a un público pre-adulto que a uno infantil. No subestima a sus espectadores, pero se asemeja demasiado a un telefilme de sobremesa, careciendo de efectos especiales y de la poesía que se esperaría.
Un hallazgo sorprendente en medio de tantas superproducciones que sufren de exceso. Se trata de una película dirigida al público adolescente que se esfuerza por no parecer un videojuego, cuidando a sus personajes y manteniendo conexiones con la buena literatura juvenil.
No es un prometedor debut, sino una de las películas españolas más impresionantes en lo que va de año, madurísima destilación de unas reminiscencias de infancia asimiladas a través de una virtuosa representación.
Con una imaginativa animación stop-motion que evoca el diseño de un dibujo infantil, la película reivindica la inocencia como una poderosa herramienta para conjurar el dolor.
Modélica aproximación a un viacrucis recorrido por un buen número de familias adoptivas. 'La adopción' aborda un problema (social) concreto, pero su verdad no es en absoluto coyuntural, sino universal.
Radical ejercicio de concisión narrativa que corre el riesgo de ser subestimado cuando, en realidad, es el afinamiento del cine social de los hermanos Dardenne, siempre limpios de paternalismo y sermoneo ideológico.
Bajo su apariencia de película de iniciación y aventura, 'Mia y el león blanco' muestra la inquietante funcionalidad del cine como instrumento de blanqueo de una reputación cuestionada.
Seidl presenta, sin rastro de implicación emocional, un microcosmos de menús de piezas a abatir, puestos de vigía incongruentes para descansar y siniestras salas de despiece.
Un western minimalista donde dos extraños —Viggo Mortensen y Reda Kateb en igualado duelo de sobriedades— aprenden a descifrarse entre el vacío y la destrucción.
Es un trabajo valioso por lo que dice y por cómo lo dice en sus tramos más didácticos. Pero lo más valioso está en otro lado: en las ausencias, en los silencios incómodos, en las espantadas vergonzantes.