El conjunto dosifica bien sus golpes de efecto, pero tiene sus aspavientos formales gratuitos y un final (...) con los tonos emocionales del kitsch más imprudente.
Contiene interpretaciones de excepcional calidad, aunque se acerca demasiado a un estilo televisivo contemporáneo que, a pesar de ser interesante, aún necesita madurar para alcanzar el nivel del buen cine.
Un laberinto para perder el sentido. No es solo una película fantástica de increíble factura y rica en conceptos, sino que se erige como el mejor trabajo realizado hasta ahora por su director.
El modo en que Virginie Efira retrata la erosión del tiempo en la pantalla se convierte en una fuente de genialidad, a pesar de las decisiones narrativas tanto afortunadas como desafortunadas.
El director parece haber encontrado, casi por casualidad, algunas secuencias que realmente funcionan. Sin embargo, su enfoque en esta película se dirige principalmente a provocar sustos básicos de manera excesiva.
Una película elaborada con la meticulosidad necesaria para obras destacadas. Anderson consigue que la frialdad casi espartana de este retrato del genio como déspota maniático se transforme en algo sorprendente.
Washington ha tomado la legítima decisión de no ocultar los orígenes teatrales del texto, pero, en ocasiones, prevalece la impresión de que cada actor lleva las acotaciones pegadas a la solapa.
Se le pueden reprochar a 'Musarañas' algunos subrayados y pasos en falso, pero es un debut enérgico, capaz de modular con buen pulso la escalada hacia sus excesos finales.
La Bishop de Miranda Otto es un espectáculo que justifica la existencia de una película que, ante todo, brilla por esta interpretación. Menos surtida, pero sumamente eficaz —y, finalmente, conmovedora— es la composición de Glória Pires.
La pareja de actores y la habilidad del guión para mantener siempre la tensión narrativa son lo mejor de un conjunto que acaba resintiéndose por el cambio de tono abrupto en su último tercio.
Una película tan luminosa como inútil, un anacronismo escrito en un estilo visual que recuerda a esa línea clara de síntesis que practicaron algunos historietistas europeos en los ochenta.
Réquiem por la comedia (azconiana). el cineasta respeta demasiado la memoria del amigo perdido y el conjunto se resiente, convirtiéndose casi en el gesto nostálgico por una tensión (cómica) perdida.
La elección de Casey Affleck es, sin duda, su mejor acierto. Es una exploración efectiva de lo oscuro, aunque con salidas de emergencia claramente marcadas.
Ejercicio de precisión, que acredita la presencia de un cineasta en pleno control de su lenguaje, capaz de imponer una poética inflexible sin sucumbir a la tentación del manierismo. No es una película fácil, pero sí un trabajo irreprochable.