Pablo Larraín presenta de manera clara y sin caer en autoengaños ni en dramatismos, el desenlace de la dictadura de Pinochet. Es una obra que refleja una amarga lucidez.
Sorprendente. Trueba apuesta por una refundación sustentada en la ligereza, la precariedad y la fragilidad de un cine realizado casi a la intemperie. Hay una tensión expresiva en cada plano.
La película se queda bastante corta a la hora de reformular el discurso superheroico bajo una mirada femenina avanza dosificando alicientes que dotan de cierta personalidad a lo reiterativo.
Noé no es un maestro de la sutileza, pero es un fanático creyente en la forma como construcción de sentido y aquí ha logrado una obra única, una película-trance que intenta liberarse espasmódicamente de toda narrativa.
Opta por privilegiar la experiencia subjetiva de su protagonista. Sustentada sobre largos planos en continuidad, con frecuentes y eficaces apelaciones al fuera de campo y un prudente recurso a la metáfora.
No deja de resultar discutible que Brooks omita todo claroscuro en la descripción de buena parte de sus personajes. 'Bomb City' acaba siendo una película tan airada como afectada, ya que su forma compromete sus razones.
Es el tipo de película donde cualquier detalle provoca impactantes y explosivas reminiscencias, transformando el pasado del personaje en material para el sensacionalismo visual.
Juega en su tramo final a desarticular los lugares comunes del western y, en el proceso, esboza interesantes reflexiones. Sin embargo, la película podía haber aspirado a mucho más que a ser simplemente agradable.
Es un trabajo generoso en cargas de verdad, desgranadas a través de una mirada atenta al detalle revelador y de una narración trenzada con admirable capacidad de síntesis.
Michael Bay ha hecho lo que a estas alturas nadie esperaba de él: una obra catedralicia que, sin renunciar a sus señas de identidad estilísticas, revela en él a un creador satírico de alto calibre.
Jolie no rehúye la truculencia y quizá se le puede reprochar que intensifique el alcance dramático de su denuncia, pero su capacidad para mostrar la tenue frontera entre civilización y barbarie es intachable.
Echegui aporta una gran fuerza a su personaje, mientras que la película transmite un mensaje poderoso y relevante. Sin embargo, la perspectiva de Icíar Bollaín revela signos del jetlag de la conciencia del turista ideal en un mundo cada vez más globalizado.