Aspera y directa representación de la violencia: lo cierto es que no hay nada que el aficionado con memoria no haya visto antes (y probablemente mejor), lo que no quita que en McLean se apunte un marcado talento por el encuadre inquietante y el control de la atmósfera.
Revela oficio y logra plasmar, en sus primeros minutos, un verosímil estallido de violencia colectiva y visceral, pero peca de ingenuidad y recurre a la insistencia a la hora de formular su mensaje.
Road movie que, desafortunadamente, acaba tomando los atajos de la ficción balsámica de corte inspiracional. La película se ve afectada por una cierta cursilería indie.
Una barroca 'space-opera' emborrachada de fosforescencias digitales donde prevalece la ligereza por encima de la trascendencia. Algunas de sus soluciones narrativas son brillantes.
Nada se aparta de las convenciones de un episodio promedio de la primera serie de televisión. 'Star Trek: Más allá' es correcto, pero carece de carisma.
Si el primer Scott evocaba a Kubrick, esta película, con su gélida ortografía y composiciones dignas de un obsesivo miniaturista, parece estar dirigida por Hal 9000. Es una obra neuróticamente empeñada en mostrar más de lo que realmente es.
Wall·E es una obra maestra, un asombroso equilibrio donde se fusionan la perfección técnica, una poesía auténtica y una gran dosis de audacia. Es una película que se establece como perdurable, perfecta y universal.
Es a la vez relato de origen, lucha dinástica e inmersión en aguas artúricas, pero no logra desembarazarse de un claro sobrepeso kitsch característicamente DC.
Si, en el conjunto, hubiese habido un equilibrio similar entre el sentido de la aventura y las nuevas formas del blockbuster, aquí habría una película menos agotadora, menos dada a sabotearse a sí misma.
Cuenta, sin palabras y con una elección de encuadres que empequeñece al individuo frente a la imponencia del entorno, una historia mágica de amor (...) también funciona como serena alegoría del ciclo de la vida.
Lester no logra elevar el material más allá de lo que se esperaría de un drama televisivo convencional. Al espectador solo le queda el tedioso ejercicio de anticipar la predecible trama y cada uno de sus movimientos.
Apuesta por una narrativa fragmentaria que quizás tenga su punto débil en las escenas, un tanto relamidas, que recrean la infancia de Piñeyro. Desgrana sus argumentos con fatalista frialdad y se revela estremecedora.
El verdadero punto fuerte de esta obra radica en la poderosa voz de esa tanguera y en el excepcional material de archivo. Sin embargo, las reconstrucciones danzadas de la vida de los amantes caen en un tono cursi, reminiscentes de un anuncio, y no logran hacer honor a la labor de los bailarines en su representación.
El principal problema es que se transparenta en exceso la fórmula. Sin embargo, es digno de reconocimiento cómo se recicla la feroz competencia profesional de los antagonistas en un efecto cómico.
La verdadera energía de esta película, de potencial seductor y plasmación muy discutible, está en su reparto, (...) Lástima que no haya por dónde creerse este desnortado 'Tango libre'.