[Volf] no pierde la oportunidad de transformar su generoso trabajo en un 'Grandes Éxitos' de una Callas que fue demasiado grande para limitarse a una existencia común. Es todo un festín para los devotos, capaz de cautivar incluso a los profanos.
Con un eficaz envoltorio formal que recuerda la estética de los paneles característicos de la última etapa de Saura, 'Saura(s)' matiza la aparente impenetrabilidad del retrato a través de detalles reveladores.
Una película de ideas en movimiento, con combates dialécticos en el lugar de las escenas de acción y un especial cuidado en reivindicar lo privado como zona de experimentación de nuevas maneras de amar, vivir e imaginar futuros colectivos.
Deluc opta por enfocarse en lo sensorial, explorando el contraste entre los estímulos que experimenta el forastero en un entorno desconocido y la paleta cromática deteriorada, que busca desvelar el claroscuro que se oculta bajo la fachada del paraíso.
Para interesados en la historia afectiva del rock. Las cartas que Janis Joplin escribió a su familia articulan este relato sobre un meteoro de genio y energía incendiada que nunca dejó de ser esa niña rara, excluida y marginalizada.
Aunque en ocasiones [Scola] no puede evitar caer en el pastiche felliniano, lo que prevalece es la fuerza del afecto, así como la generosidad a la hora de aportar detalles reveladores y alumbrar ángulos poco conocidos del maestro.
Un retrato contradictorio que logra algo tan difícil como descifrar una metodología de trabajo que ha cristalizado en una de las carreras más relevantes del cine contemporáneo.
Es, al mismo tiempo, western y road movie, documento y simulacro: una ópera prima libre y ajena a todo exhibicionismo, que convoca una firme ilusión de verdad a través de la impureza y el cruce entre lo vivido y lo representado.
El recital interpretativo de Cumberbatch, a un paso de la sobreactuación, es la mayor fuente de espectáculo en esta película que reduce un complejo cambio de paradigma a un digest con el brutal esquematismo de un viejo telefilme.
Su propósito de partida parece ser la auto-ficción, pero el elemento que condiciona -para mal- la fortuna de la propuesta es la decisión de haber buscado a una actriz profesional.
Heterodoxo y apasionante biopic, el cineasta crea una identidad conflictiva, explorando los claroscuros y alcanzando momentos musicales que se sienten como un equilibrio entre tiempos, espacios y emociones opuestas.
Demasiado académica en su escritura. Destaca la actuación de Marie Féret, que es sin duda lo mejor de la película. Sin embargo, la tesis presenta varios puntos débiles que afectan su desarrollo.
Superproducción constantemente acompañada por tediosos subtítulos explicativos. Entre cada reflexión profunda, el departamento de CGI se dedica sin reservas a la exhibición de efectos visuales deslumbrantes.
Portentosa Yolande Moreau. Provost narra su historia mediante una estructura elíptica y fragmentada, que transforma suavemente a Séraphine en una deslumbrante exploración de una singular forma de santidad y los profundos abismos que la rodean.
No profundiza en las sombras, pero logra articularse en forma de fascinante reportaje, de considerable potencial didáctico, sobre una figura de medular importancia en la evolución del teatro de vanguardia americano.