Hacía mucho tiempo que Gerardo Herrero no afrontaba un proyecto tan aparatoso, pero el resultado -discutible e imperfecto- es lo más estimulante que ha dado su carrera en muchos años.
La película juega imaginativamente con la pantalla partida y culmina en puro arrebato fantástico. 'El callejón' es una reivindicación de las esencias: un ejercicio de libertad.
El director enriquece el conjunto enrareciendo atmósferas, capturando con entregada precisión ambientes y tipos. No es el mejor Tavernier, pero, por lo menos, su viaje no ha sido en balde.
Tan concisa como estimulante, esta ópera prima logra captar la atención. Bertino maneja los elementos de la trama con transparencia, presentando un escalofriante discurso sobre el mal como una inercia.
El camino hacia la esencia del placer Z se ritualiza a través de una digresión que, aunque parece vacía, resulta siempre relevante. 'Death Proof' tiene más de lo que aparenta. Tarantino, en esta ocasión, se muestra más vulnerable que nunca.
Poco sutil corte en sección de la cultura corporativa. Al incorporar algunos guiños a Kubrick, Smith se delata como autor presuntuoso que sólo está en el gore de visita.
Exasperada excentricidad. Para enmascarar que su película es más convencional de lo que parece, Taylor añade una trama policial que tiene su clave en autores de la generación beat.
Aspera y directa representación de la violencia: lo cierto es que no hay nada que el aficionado con memoria no haya visto antes (y probablemente mejor), lo que no quita que en McLean se apunte un marcado talento por el encuadre inquietante y el control de la atmósfera.
Revela oficio y logra plasmar, en sus primeros minutos, un verosímil estallido de violencia colectiva y visceral, pero peca de ingenuidad y recurre a la insistencia a la hora de formular su mensaje.
Road movie que, desafortunadamente, acaba tomando los atajos de la ficción balsámica de corte inspiracional. La película se ve afectada por una cierta cursilería indie.
El filme se presenta como una versión menos ambiciosa de 'Alien', o, si se prefiere, una adaptación simplificada al estilo de los grandes éxitos de taquilla del icónico clásico de la serie B.
Una barroca 'space-opera' emborrachada de fosforescencias digitales donde prevalece la ligereza por encima de la trascendencia. Algunas de sus soluciones narrativas son brillantes.
Nada se aparta de las convenciones de un episodio promedio de la primera serie de televisión. 'Star Trek: Más allá' es correcto, pero carece de carisma.
Si el primer Scott evocaba a Kubrick, esta película, con su gélida ortografía y composiciones dignas de un obsesivo miniaturista, parece estar dirigida por Hal 9000. Es una obra neuróticamente empeñada en mostrar más de lo que realmente es.