Aunque en ocasiones [Scola] no puede evitar caer en el pastiche felliniano, lo que prevalece es la fuerza del afecto, así como la generosidad a la hora de aportar detalles reveladores y alumbrar ángulos poco conocidos del maestro.
Un retrato contradictorio que logra algo tan difícil como descifrar una metodología de trabajo que ha cristalizado en una de las carreras más relevantes del cine contemporáneo.
Es, al mismo tiempo, western y road movie, documento y simulacro: una ópera prima libre y ajena a todo exhibicionismo, que convoca una firme ilusión de verdad a través de la impureza y el cruce entre lo vivido y lo representado.
El recital interpretativo de Cumberbatch, a un paso de la sobreactuación, es la mayor fuente de espectáculo en esta película que reduce un complejo cambio de paradigma a un digest con el brutal esquematismo de un viejo telefilme.
Su propósito de partida parece ser la auto-ficción, pero el elemento que condiciona -para mal- la fortuna de la propuesta es la decisión de haber buscado a una actriz profesional.
Un trabajo desafortunado en sus decisiones de tono. El actor y director Detlev Buck elige simplificar una historia compleja y llena de posibilidades, transformándola en un juguete colorido y ligero.
Heterodoxo y apasionante biopic, el cineasta crea una identidad conflictiva, explorando los claroscuros y alcanzando momentos musicales que se sienten como un equilibrio entre tiempos, espacios y emociones opuestas.
Cultura de la (in)fam(i)a. el discurso pierde buena parte de su fuerza cuando el espectador sabe que Phoenix está dramatizando un espejismo de fracaso.
Demasiado académica en su escritura. Destaca la actuación de Marie Féret, que es sin duda lo mejor de la película. Sin embargo, la tesis presenta varios puntos débiles que afectan su desarrollo.
Superproducción constantemente acompañada por tediosos subtítulos explicativos. Entre cada reflexión profunda, el departamento de CGI se dedica sin reservas a la exhibición de efectos visuales deslumbrantes.
Acaba siendo un 'making of' muy poco problemático, libre de lecturas críticas sobre el universo de la moda y diseñado para seguir acrecentando el mito de Anna Wintour.
Portentosa Yolande Moreau. Provost narra su historia mediante una estructura elíptica y fragmentada, que transforma suavemente a Séraphine en una deslumbrante exploración de una singular forma de santidad y los profundos abismos que la rodean.
No profundiza en las sombras, pero logra articularse en forma de fascinante reportaje, de considerable potencial didáctico, sobre una figura de medular importancia en la evolución del teatro de vanguardia americano.
Se acerca al personaje por los desvíos del biopic onírico y el resultado, amén de banalizar la figura de Arbus, acaba conquistando la inesperada cima de la comedia involuntaria.
Winona Ryder y Keanu Reeves comienzan a bailar desde el primer minuto, creando una miniatura lúcida que se ve realzada por la increíble química que comparten ambos actores.