[Volf] no pierde la oportunidad de transformar su generoso trabajo en un 'Grandes Éxitos' de una Callas que fue demasiado grande para limitarse a una existencia común. Es todo un festín para los devotos, capaz de cautivar incluso a los profanos.
Nalluri ha firmado una de esas películas que parecen concebir la creación literaria como pintoresco afluente del pensamiento mágico en este parque temático ¿literario? la verdadera inspiración no ha sido invitada.
Una película que no se cuestiona la relevancia de revivir el arquetipo más desfasado del biopic no se esfuerza en disimular el maniqueísmo presente en la mayoría de los personajes antagonistas.
La interpretación de Malin Buska es orgánica y matizada. Sin embargo, un aspecto débil de la película es que presenta un Kaurismäki que parece ser el reverso oscuro de su hermano, al despojar a la puesta en escena de toda identidad.
El recital interpretativo de Cumberbatch, a un paso de la sobreactuación, es la mayor fuente de espectáculo en esta película que reduce un complejo cambio de paradigma a un digest con el brutal esquematismo de un viejo telefilme.
Su propósito de partida parece ser la auto-ficción, pero el elemento que condiciona -para mal- la fortuna de la propuesta es la decisión de haber buscado a una actriz profesional.
Portentosa Yolande Moreau. Provost narra su historia mediante una estructura elíptica y fragmentada, que transforma suavemente a Séraphine en una deslumbrante exploración de una singular forma de santidad y los profundos abismos que la rodean.
Se acerca al personaje por los desvíos del biopic onírico y el resultado, amén de banalizar la figura de Arbus, acaba conquistando la inesperada cima de la comedia involuntaria.
Una película excepcional, un estudio sobre la santidad que no celebra, ni juzga a su objeto, pero lo eleva a la condición de enigma y estimulante problema... esencialmente humano.
De planteamiento estructural atractivo, tropieza en su tramo final, que resulta anti-climático. A pesar de estos pequeños reparos, el conjunto sigue confirmando la presencia de un talento notable.
Explora el dilema íntimo que vive una joven. Con singular pasión por el detalle y una enorme elegancia expositiva, ofrece retratos femeninos complejos y contrastados.
La más veraniega película de este verano, un helado al limón que se derrite. La película presenta una estética de Club de Vacaciones y una puesta en escena descuidada, trivializando algunos clásicos mientras amplifica la fuerza de otros.
El director despliega energía y voluntad de estilo, pero también una marcada incapacidad para construir un discurso sólido en torno a una figura tan relevante y cuestionable a la vez como la de Coelho.