La interpretación de Malin Buska es orgánica y matizada. Sin embargo, un aspecto débil de la película es que presenta un Kaurismäki que parece ser el reverso oscuro de su hermano, al despojar a la puesta en escena de toda identidad.
Aunque en ocasiones [Scola] no puede evitar caer en el pastiche felliniano, lo que prevalece es la fuerza del afecto, así como la generosidad a la hora de aportar detalles reveladores y alumbrar ángulos poco conocidos del maestro.
Un retrato contradictorio que logra algo tan difícil como descifrar una metodología de trabajo que ha cristalizado en una de las carreras más relevantes del cine contemporáneo.
Su propósito de partida parece ser la auto-ficción, pero el elemento que condiciona -para mal- la fortuna de la propuesta es la decisión de haber buscado a una actriz profesional.
Acaba siendo un 'making of' muy poco problemático, libre de lecturas críticas sobre el universo de la moda y diseñado para seguir acrecentando el mito de Anna Wintour.
Portentosa Yolande Moreau. Provost narra su historia mediante una estructura elíptica y fragmentada, que transforma suavemente a Séraphine en una deslumbrante exploración de una singular forma de santidad y los profundos abismos que la rodean.
No profundiza en las sombras, pero logra articularse en forma de fascinante reportaje, de considerable potencial didáctico, sobre una figura de medular importancia en la evolución del teatro de vanguardia americano.
Winona Ryder y Keanu Reeves comienzan a bailar desde el primer minuto, creando una miniatura lúcida que se ve realzada por la increíble química que comparten ambos actores.
Una película apreciable, llena de apuntes incisivos a los que quizá les cueste afirmar su incómoda potencia en medio de un conjunto que apuesta (de manera transparente) por el didactismo. La película parece, a ratos, la crisis financiera explicada a los niños.
Parece una película venida de otro tiempo. En concreto, de ese tiempo en el que hablar de película española equivalía, en la mayoría de los casos, a hablar de las malas decisiones que se concentran en este trabajo.
Yonebayashi parece dispuesto a convertirse en el príncipe heredero de la poética de Miyazaki y quizá esta sea la película en la que más explícitamente ejerce de hijo de su padre artístico.
Explora el dilema íntimo que vive una joven. Con singular pasión por el detalle y una enorme elegancia expositiva, ofrece retratos femeninos complejos y contrastados.
Purísima comedia romántica para quienes afirman repudiar a Jennifer Anniston o a Sandra Bullock. Pero sería injusto negar que la trama se levanta, esquivando el peligro de los arquetipos, sobre un reconocible y sensible material humano.
Es bastante más que un producto digno, bastante más que metralla para multisalas: es un trabajo sobrecargado de energía, en cuyos laterales Marcos Mundstock y Daniel Rabinovich, imparten una lección magistral de química.
La más veraniega película de este verano, un helado al limón que se derrite. La película presenta una estética de Club de Vacaciones y una puesta en escena descuidada, trivializando algunos clásicos mientras amplifica la fuerza de otros.