No está a la altura de su referente y sacrifica la verosimilitud en su apuesta por el asombro. La pirotecnia narrativa del director debutante, sin embargo, logra mantener viva la atención.
Los Duplass utilizan su sofisticado estilo de silencios, desenfoques y gestos espontáneos para crear una comedia a la vez amarga y devastadora, que aborda los déficits del afecto.
Fragmentos para una cronología del desamor. (...) una comedia romántica que habla tanto al corazón como al cerebro y que marca un memorable hito en la historia del género.
Algunas de las ideas del guión rozan la cursilería más irritante. La representación de la familia no escatima en los tópicos del melodrama convencional. Sin embargo, Amy Adams logra demostrar, nuevamente, que detrás de su apariencia idealizada hay una actriz increíblemente talentosa.
Una gratificante atracción de feria que te vapulea antes de dejarte, de manera harto conservadora, en la tierra firme de un sentimentalismo enmascarado.
Es un pequeño triunfo de la economía expresiva. Los actores están en un estado de gracia. Lo que parecía un emotivo cuento humanista se revela como una extraña y civilizadamente rabiosa forma de cine político.
Este Poltergeist evoca a su predecesor, pero no le rinde el respeto que merece. O quizás lo hace tanto que, en lugar de dedicar tiempo a propuestas creativas, Kenan opta por deshacerse de la historia de forma bastante rápida.
Proporciona el raro placer de ver a un autor en plenitud de facultades al que se le facilitan los medios de producción para levantar su sueño más laberíntico.
Es una película de dispositivo, cuya forma acoraza su concepto, pero que encarna una antipática dirección del último cine de autor que exilia algo fundamental en toda obra artística: la posibilidad de fracaso.
Esta Cenicienta se erige como un monumento al buen y mal gusto, con un enfoque desmedido en sus lujosos cortinajes y el resplandor de los cristales de Svárovský, dejando de lado la esencia de la historia que quiere contar y la profundidad de sus personajes.
El resultado se ve afectado significativamente por unos efectos digitales inadecuados y, sobre todo, por una clara incapacidad para llevar los acertados gags visuales de la viñeta a la pantalla. Es una oportunidad perdida.
No alcanza la excelencia de los maestros Miyazaki y Takahata, pero recoge ecos de algunos de los títulos mayores del estudio, como 'Mi vecino Totoro' y 'Ponyo en el acantilado'. Lo mejor está en los detalles.
Matiza la radicalidad del original. Hay menos fragmentación narrativa en un trabajo que apuesta por una cohesión dramática más convencional, engrandecida por el papel de Woody Harrelson.
Cahill sigue demostrando personalidad y capacidad de contar, pero aquí plantea una débil película de tesis, que se cree más inteligente de lo que realmente es
Shakman es consciente de que la originalidad no juega a su favor en esta historia, por lo que opta por confiar plenamente en el carisma y la energía del reparto.