Winona Ryder y Keanu Reeves comienzan a bailar desde el primer minuto, creando una miniatura lúcida que se ve realzada por la increíble química que comparten ambos actores.
De planteamiento estructural atractivo, tropieza en su tramo final, que resulta anti-climático. A pesar de estos pequeños reparos, el conjunto sigue confirmando la presencia de un talento notable.
Es bastante más que un producto digno, bastante más que metralla para multisalas: es un trabajo sobrecargado de energía, en cuyos laterales Marcos Mundstock y Daniel Rabinovich, imparten una lección magistral de química.
Especialmente indicada para todos aquellos que odien las comedias románticas. (...) divertimento ligero (...) hay algo en Jason Biggs que recuerda a los grandes cómicos melancólicos del cine mudo.
Infectados es un trabajo notable, pero también una oportunidad perdida. Es un producto eficaz pero carece de un toque distintivo. Ofrece corrección y competencia técnica, pero parece estar alejado de cualquier ambición por crear un gesto memorable.
Una pesadilla que, en sus formas externas, se revela limpia de esos lugares comunes que suelen lastrar el género. (...) supone antes una pequeña y gratificante sorpresa que una auténtica revelación.
Incluye algunas de las escenas más tremendas e inquietantes del moderno cine de horror: Adjani en el metro, sus retozos con los reptantes falos del monstruo, o cuando golpea a su marido.
Lástima que siga las pautas de una suerte de hipotético manual titulado Financial crackdown for dummies y que el cineasta sucumba a algunas de las metáforas visuales más ratoneras.
Las grabaciones caseras de la boxeadora son las que realmente elevan este documental, el cual, en torno a ese material, abusa del testimonio con imagen hablando y de la reiteración bienintencionada del discurso.
Puro cine negro sometido a las tensiones de otro código genérico, un relato impecable que, en algunas escenas memorables, remite a las poéticas excéntricas que cineastas como Robert Aldrich, Joseph H. Lewis o Samuel Fuller aplicaron al género.
Un caótico planteamiento de las escenas de acción que se hunde en lo indescifrable. Fuqua, pulverizando toda preocupación por la puesta en escena, sacrifica la legibilidad de su película en un clímax que es su losa.
Un aparatoso espectáculo 'trash' que ofrece una diversión costosa pero de baja calidad. Es una película regida por una lógica de insensatez acumulativa.
Parece una película venida de otro tiempo. En concreto, de ese tiempo en el que hablar de película española equivalía, en la mayoría de los casos, a hablar de las malas decisiones que se concentran en este trabajo.
Con una Cate Blanchett sinuosa como gata de Angora, la película muestra a un Roth que en ocasiones titubea como director de cine familiar. Sin embargo, la originalidad de la historia logra compensar las caídas de energía que se presentan de manera episódica.
Yonebayashi parece dispuesto a convertirse en el príncipe heredero de la poética de Miyazaki y quizá esta sea la película en la que más explícitamente ejerce de hijo de su padre artístico.