Su personal manejo de algunas de las claves más clásicas de la especialidad aporta el suficiente toque de distinción como para reivindicar su enérgico y bienhumorado recorrido.
No es una película desdeñable, pero, a los pocos minutos, el espectador ya tiene la firme convicción de que este entretenido producto no va a sufrir la transformación licantrópica que lo convierta en un trabajo inolvidable.
Esta adaptación respeta el espíritu del tebeo al incorporar referencias sin miedo, desde 'True Blood' hasta 'Underworld' y 'Crepúsculo'. Sin embargo, reduce el valor del material al presentarlo como un producto que, en épocas anteriores, habría sido destinado directamente al mercado de vídeo.
Es una película estimable. El encadenado de golpes de efecto es notable, aunque Raimi equilibra la efusión arrebatada con sus responsabilidades actuales en la industria, manteniendo el lado salvaje bajo control.
Acaba desaprovechando las posibilidades de su planteamiento para el humor políticamente incorrecto. Es más que probable, no obstante, que buena parte de su público objetivo se sienta más que satisfecha con la parquedad de la ración.
Es una comedia, humana y sabia, levantada sobre el territorio donde subyace la potencialidad de la tragedia (...) brilla una comprensiva y lúcida humanidad.
Castellitto no logra manejar su tono, pero el protagonista inyecta en el conjunto una autenticidad tan poderosa que convierte a Fortunata en una propuesta recomendable, aunque con sus imperfecciones.
Con su desbordante energía y avasallante deseo de jugar, Dragon Khan se presenta como una propuesta irresistible. Es una lección magistral de control y creatividad, una película que destaca por su libertad y cultivo.
El director ha mostrado claramente cómo ciertos registros cómicos pueden acercarse a una normalización imprudente de los lenguajes ofensivos. Las señales de advertencia se activan nuevamente.
Montero ha logrado algo muy difícil: una comedia donde ningún diálogo sobreactúa su gracia, y cuyos cortes de montaje perfectamente limpios generan efectos cómicos de gran intensidad.
A la película se le puede reprochar cierta prudencia, sin embargo, su rigor cuestionador y su reparto equilibran las debilidades de un trabajo muy comunicativo y que resulta amablemente incómodo.
La directora ha construido un entorno perfecto que permite a su elenco brillar, especialmente a Carmen Machi, quien desarrolla su personaje con sutileza. Su actuación revela una profunda conexión con la tristeza.
No es sólo una adaptación honesta: también es una película enérgica, inteligente y anómala con un actor generoso que se agarra a su personaje como si fuera el último tren de su vida.
No es una experiencia cómoda, pero sí única, ver este trabajo, recorrido por un mensaje convencional, puntuada por puntuales momentos de gran eficacia cómica, justa con el equilibrio entre lo ridículo y lo melancólico que encarnaba Williams.