Cahill sigue demostrando personalidad y capacidad de contar, pero aquí plantea una débil película de tesis, que se cree más inteligente de lo que realmente es
Al Pacino recibe un papel que le permite brillar. El actor demuestra tener plena conciencia de que solo con habitar en esta película, sin necesidad de exagerar, logra ofrecer una interpretación memorable.
Delata [a Rowley] como un Michael Moore sin sobrepeso ni sentido del humor, aunque con las mismas toneladas de autoindulgencia y una pareja debilidad por el lenguaje propagandístico.
Bigelow prioriza lo sensorial sobre cualquier intento de discurso. La película es intensa, sobresaliente y magistral. Tal vez no sea la obra definitiva sobre la guerra de Irak, pero sin duda es la que mejor logra transmitir su esencia.
Un trabajo con una rigurosa e inusual apuesta de estilo -oscura, irrespirable- y con una considerable habilidad para romper las expectativas del espectador.
Es, por un lado, la comedia romántica con el punto de partida más estomagante y agresivo que un espectador medio pueda concebir. Y, por otro, un glorioso artefacto de ingeniería sutil.
Se le podría reprochar una cierta estrategia de nadar y guardar la ropa, pero su costumbrismo de galería de arte contemporáneo aporta observaciones muy incisivas.
Cavestany propone, con una serie de secuencias destacadas, lo que podría ser la película española más significativa del año: nuestra gran épica de catástrofes internas.
Una de las comedias más divertidas, impredecibles y con un toque único de los últimos años, que reúne a un elenco tan arriesgado como talentoso. Es una obra imprescindible.
Comedia negra de premisa extrema que filma sus primeras secuencias domésticas con un eficaz sentido de la perturbación. El estilo visual se torna abrupto y pierde algo de atractivo en las secuencias de acción.
Su llegada a las salas españolas parece condenada a sembrar cierto desconcierto entre sus espectadores. La película asume que el público ya conoce a los personajes, lo que hace que gran parte de la trama resulte indescifrable.
A Burton le ha salido una película elegante y triste. Faltan el brillo, la locura, el arrebato y, muy especialmente, un tratamiento de la animación que vaya más allá de lo funcional.
No es una película desdeñable, pero, a los pocos minutos, el espectador ya tiene la firme convicción de que este entretenido producto no va a sufrir la transformación licantrópica que lo convierta en un trabajo inolvidable.
Kawase ha sido etiquetada repetidamente como cineasta new age, pero su trabajo se relaciona más con la continuidad de la perspectiva zen. "Una pastelería en Tokio" va más allá y deja una huella más profunda.
Comedia culinaria que evoca la idea platónica de un ménage à trois, similar a "Jules et Jim", pero que termina convergiendo en una cocina de menú a través del humor costumbrista español, influenciado por la televisión.