Ofrece un entretenimiento aceptable para los fanáticos de las historias de superhéroes, pero los que no son habituales tal vez se decepcionen, ya que no se compara con títulos más exitosos como Los Vengadores, X-Men: Primera generación o Iron Man 3.
No hay espacio ni, por fortuna, tiempo más que para el perpetuo dinamismo y la chorrada autocombustible. El producto no da gato por liebre, pero, por supuesto, no deja mella.
Raimi se mantiene en la misma línea de su trabajo en el primer Spider-Man, cumpliendo con lo esperado de manera eficaz. Presenta escenas impactantes, pero carece de sorpresas, misterio y, lo que es más grave, de una verdadera identidad.
Medem parece intentar distanciarse de sus habituales personajes peculiares, como si quisiese sumergir a esos individuos almodovarianos en un entorno opresivo. Sin embargo, lo que termina por suceder es que en lugar de ofrecer profundidad, todo resulta ser una mera fachada poética.
Sinfonía 'kitsch' con ralentís excesivos, una sobrecarga narrativa y una corrección política que se siente anticuada. 'Australia' demuestra que, detrás de una apariencia vanguardista, a menudo se encuentra un enfoque neoclásico.
Luce un académico manejo del tópico sentimental, pero debe de certificar su condición de obra maldita, no estrenada comercialmente en su país de origen. Su enfoque emocional tiende a subrayar en lugar de sugerir.
Una miniatura cargada de ecos, capas referenciales y significados dispuestos a ser liberados. capaz de formular preguntas incómodas sobre el destino de las ideologías.
Proyecto que Krasinski y Blunt contemplan como un impactante y aterrador sustituto de la típica película familiar. Es una joya que se sostiene sobre dos bases claras: la dirección y el diseño sonoro.
Vendiendo sensiblería al por mayor, sigue siendo una comedia muy bien escrita que se beneficia de un puñado de interpretaciones carismáticas; es simpática, pero también conservadora y bastante predecible en su mensaje moral.
Ingenuo ejercicio de estilo de película oscarizable. El resultado es, sin rodeos, insuficiente y polémico. Sin embargo, los actores destacan y logran desempeñar sus roles de manera efectiva, lo que eleva un poco un guion que carece de dirección clara.
En los primeros minutos, la falta de interés se siente casi automática. Buckley transmite más autenticidad que la película que lo rodea, aunque de esta se pueden rescatar dos ideas musicales bastante interesantes.
Un sofisticado y excéntrico artilugio tragicómico donde lo ridículo se encuentra con lo grave, llevando al espectador a una road movie surrealista que resalta y descompone la esencia de la excentricidad en las carreteras secundarias de Estados Unidos.
Vampiriza imaginería de cine de bajo presupuesto y diálogos de novela sensacionalista para construir un relato moralista y simplista sobre la purificación. Black Snake Moan resulta confusa y mal calculada, aunque es divertidamente inesperada.
No sucumbió ante el encanto de esta película, que presenta una narrativa compleja, un discurso impecable y elecciones estilísticas que oscilan entre la cautela y la audacia, aunque con frecuencia carecen de precisión.