Cavestany propone, con una serie de secuencias destacadas, lo que podría ser la película española más significativa del año: nuestra gran épica de catástrofes internas.
Una de las comedias más divertidas, impredecibles y con un toque único de los últimos años, que reúne a un elenco tan arriesgado como talentoso. Es una obra imprescindible.
Su personal manejo de algunas de las claves más clásicas de la especialidad aporta el suficiente toque de distinción como para reivindicar su enérgico y bienhumorado recorrido.
Es una película estimable. El encadenado de golpes de efecto es notable, aunque Raimi equilibra la efusión arrebatada con sus responsabilidades actuales en la industria, manteniendo el lado salvaje bajo control.
Acaba desaprovechando las posibilidades de su planteamiento para el humor políticamente incorrecto. Es más que probable, no obstante, que buena parte de su público objetivo se sienta más que satisfecha con la parquedad de la ración.
Estupenda opera prima de Sara Gutiérrez. Lo que desvela la película es una ciudad no vista, pero tremendamente verosímil, dibujando un mapa de encuentros azarosos y soledades comunicantes.
Asume el aspecto de una comedia ligera de infidelidades, género que propicia un ingenioso juego de desdoblamientos. Una comedia civilizada, transparente y tan empapada de cultura como alérgica a la pedantería.
El director ha mostrado claramente cómo ciertos registros cómicos pueden acercarse a una normalización imprudente de los lenguajes ofensivos. Las señales de advertencia se activan nuevamente.
Montero ha logrado algo muy difícil: una comedia donde ningún diálogo sobreactúa su gracia, y cuyos cortes de montaje perfectamente limpios generan efectos cómicos de gran intensidad.
A la película se le puede reprochar cierta prudencia, sin embargo, su rigor cuestionador y su reparto equilibran las debilidades de un trabajo muy comunicativo y que resulta amablemente incómodo.
La directora ha construido un entorno perfecto que permite a su elenco brillar, especialmente a Carmen Machi, quien desarrolla su personaje con sutileza. Su actuación revela una profunda conexión con la tristeza.
Bhutiani cuenta su historia con delicadeza, sin vender folklore. El modo en que la fe y el ritual se intersectan con lo cotidiano inspira algunos de los momentos más brillantes de este certero debut.
No es sólo una adaptación honesta: también es una película enérgica, inteligente y anómala con un actor generoso que se agarra a su personaje como si fuera el último tren de su vida.