Castellitto no logra manejar su tono, pero el protagonista inyecta en el conjunto una autenticidad tan poderosa que convierte a Fortunata en una propuesta recomendable, aunque con sus imperfecciones.
El director ha mostrado claramente cómo ciertos registros cómicos pueden acercarse a una normalización imprudente de los lenguajes ofensivos. Las señales de advertencia se activan nuevamente.
Montero ha logrado algo muy difícil: una comedia donde ningún diálogo sobreactúa su gracia, y cuyos cortes de montaje perfectamente limpios generan efectos cómicos de gran intensidad.
A la película se le puede reprochar cierta prudencia, sin embargo, su rigor cuestionador y su reparto equilibran las debilidades de un trabajo muy comunicativo y que resulta amablemente incómodo.
No es una experiencia cómoda, pero sí única, ver este trabajo, recorrido por un mensaje convencional, puntuada por puntuales momentos de gran eficacia cómica, justa con el equilibrio entre lo ridículo y lo melancólico que encarnaba Williams.
Dora presenta una película sólida, seductora y universal; sin embargo, su mentira expresiva no genera la misma complicidad que la falsedad de su personaje principal.
Una sobria miniatura que esquiva la tentación de domesticarse como comedia romántica, pero no logra evitar sobreexplicar sus subtextos en el tramo final, rebajando el alcance de un conjunto por lo menos notable.
En el primer tramo de esta comedia oscura que lentamente pierde su sátira para transformarse en un drama intensamente feroz, De la Iglesia parece explorar territorios inéditos en su trayectoria. Sin embargo, pronto se hace evidente una evidente falta de sutileza.
El viejo Allen vuelve a ser sorprendentemente joven, una obra que parece no ahondar en nada mientras lo dice todo sobre la inmadurez, una comedia ligera que golpea en lo profundo.
Las intervenciones de Reyes y Segura aportan redentoras ráfagas de luz cómica a un conjunto más sofisticado de lo que parece y más amargo de lo que cabría esperar.
No sabe si quiere ser una película sobre un superhéroe o sobre un supervillano. O una buddy movie de hombre y simbionte. Con un Tom Hardy que transpira incomodidad en la comedia física.
Christine Baranski, Cheryl Hines y Susan Sarandon son lo mejor de la función, pero no lo suficiente para salvar una película que olvida el discurso de su modelo y acaba adensando su componente sentimental hasta asfixiar lo cómico.
El afortunado sentido de la comicidad de esta película inclasificable domina el conjunto con una curiosísima mezcla de humor negro, humanismo, imaginería de filiación surrealista e inteligencia enloquecida.
Si esta película perdurará más allá de su enorme eficacia es por su sofisticada estrategia alrededor del icónico Raphael, cómplice en el juego de desdoblarse en su gemelo oscuro. Lástima que, a ratos, la vulgaridad del microcosmos retratado afecte a las formas.