La animación es más práctica que creativa, excepto por la notable expresividad del personaje. Esto deja claro que no alcanza el nivel de excelencia de las producciones más destacadas de Disney.
En el conjunto conviven piezas capaces de convocar una inabarcable inquietud mediante elementos mínimos con desenlaces un tanto perezosos pero el reparto siempre acude al rescate de cada desliz conceptual.
No sabe si quiere ser una película sobre un superhéroe o sobre un supervillano. O una buddy movie de hombre y simbionte. Con un Tom Hardy que transpira incomodidad en la comedia física.
La película de Berger destaca la solidez de una carrera concisa. Cada corte de plano y cada encuadre parecen cuidadosamente elaborados en una obra que opta por narrar una significativa historia de emancipación en un entorno opresivo.
Baird no ha tenido más opción que traicionar sus fuentes y nadar entre imágenes caóticas. Sin embargo, su estrategia sorprendentemente no fracasa y presenta sorpresas tan agradables como el personaje secundario interpretado por el notable Eddie Marsan.
Un thriller postarantiniano que cuenta con las actuaciones memorables de Christopher Walken, Tom Waits y Harry Dean Stanton. La película inmortaliza momentos en un entorno inusual, donde el humor negro, el dolor existencial, la melancolía y la fusión de géneros se combinan de manera efectiva.
Un cine de multisalas con personalidad y cierta impronta autoral, aunque sea a partir de referentes de segunda o tercera mano, logra algo importante: cumplir, dar (por lo menos) lo que promete.
Para amantes de la comedia refinadamente kamikaze, esta obra logra su mayor éxito al equilibrar el sentido trágico de las peripecias de sus protagonistas yihadistas.
Un planteamiento cercano al poshumor que lleva los hallazgos visionarios de Tati a un territorio donde la risa parece haber sido encerrada en la nevera de un forense. En 'Louise-Michel' humor y compromiso son dos formas de una misma lucha.
A este crítico le gustaría poder hablar de estilo invisible, pero sus ojos sólo ven descuido y esa escritura automática que da la rutina. Tampoco puede hablar de fina ironía: sólo hay caricatura, y su trazo, aunque francés, es grueso.
Lorenzo se establece como un cineasta fundamental, un poeta inusual y un hábil orfebre del feísmo. Todo esto se combina para transformar lo que parece ser una comedia cruel de costumbres en una obra de arte anómala, inspiradora e inclasificable.
Bien podría ser la película de héroes enmascarados más hipertrófica de la historia. Hay secuencias poderosas, Ledger borda una auténtica creación con el personaje del Joker, pero a Nolan le pierden las grandes palabras y la obsesión por inflamar el sustrato filosófico del asunto.
El impresionante asombro digital revitaliza el entrañable cine infantil, que confiaba en la solidez de sus imaginativos mundos. Aunque en el clímax final se desvía ligeramente de esta esencia, el encantamiento global que ofrece sigue siendo innegablemente fuerte.