La saga, aunque ha ido perdiendo la magia del original, se mantiene alejada de tramas rutinarias. La inestabilidad narrativa parece una reflejo de una mente enferma, pero su atractivo sigue siendo exclusivo para aquellos que son verdaderos aficionados.
Tras un inicio prometedor, la película enfrenta varios problemas en su narrativa que intenta resolver de manera poco convincente. La capacidad de sorprender se desvanece rápidamente.
Un encadenado de giros de guion y golpes de efecto dignos de mejor causa y un plantel de entregados actores intentando nadar contra las corrientes de inverosimilitud que acaban ahogando una historia de eficacia puramente epidérmica.
El retrato de los paisajes es el único aspecto positivo en esta obra que no logra establecer una identidad clara entre las influencias externas y un cuestionable deseo de trascender.
Se puede criticar la intensidad dramática del final y algunas decisiones que parecen moralistas, pero la obra se destaca por su estilo sofisticado y su habilidad para examinar un arquetipo contemporáneo, lo que la hace realmente significativa y esencial.
Un descomunal juego de ingenio, algo que, a primera vista, parece desnudísimo para ir, poco a poco, revelándose como una intrincada y sibilina construcción.
Sobresaliente retrato del personaje que encarna Paulina García y modesta mirada a los provisionales momentos de plenitud que, en ocasiones, proporciona el azar.
El enfoque formal limita el discurso, reduciéndolo a un simple pretexto para mostrar la potencia de la dirección, que se siente más como una exhibición acrobática que como una expresión artística. 'Victoria' es una hazaña impresionante, aunque merecería una causa más significativa.
No es una película sencilla ni que busque complacer: a pesar de su fachada brillante, 'Eva' posee una fuerte personalidad y una inquietante profundidad.
Es el recital de una estrella: John McLane como espectáculo o Willis disfrutando a muerte de un traje que quizás no pueda volver a ponerse. extraordinaria película de acción en la que presente y pasado dialogan con vehemencia.
Ofrece lo habitual: una copia del original para aquellos fieles que la aplaudirán sin dudar... además de amplias muestras de humor no intencionado para quien no esté convencido.
Vaughn y Jane Goldman logran superar varias de las falencias que presentaba la película anterior. Asimismo, el estilo visual muestra una mayor fluidez.
Lars von Trier aborda el conflicto de manera ejemplar. La exploración de la pedofilia y las escenas de sumisión reflejan la verdadera grandeza de la película.
Hay buenas ideas, pero prevalece la impresión de haber pasado de una secuela acontecimiento a la algo atropellada resurrección de una franquicia. Por lo menos no estamos ante una fotocopia cara.