Este filme presenta conexiones familiares con 'Uncle Boonmee recuerda sus vidas pasadas' y 'Le quattro volte', pero no logra establecer una identidad tan única y contundente.
El sexto largometraje de Michael Cuesta refleja cómo su experiencia en la nueva ficción televisiva ha aminorado sus cualidades como cineasta creativo y sorprendente.
Aunque no se considera una obra maestra, su estilo y la elegancia de su conclusión se entrelazan para ofrecer una alternativa excéntrica al melodrama, que en el ámbito del realismo estricto ha perdido el hilo de lo intenso.
'Trinta lumes' es una película que explora umbrales y rincones marcados por la huella de un misterio o una desaparición. Se trata de un debut delicado que se presenta como una obra poética dentro del género del terror.
El metraje es tan impresionante como los paisajes naturales que inspiraron su visión. Las imágenes que perduran tienen una sensorialidad que evoca la poderosa experiencia de una velada bajo las estrellas en una noche tormentosa.
El filme se desarrolla a través de las vivencias y recuerdos de sus personajes, revelando la conexión entre lo único y lo universal en la cultura de los Krahô.
La huella del cine de Reygadas se percibe en soluciones visuales arriesgadas, como el plano secuencia. La película está impregnada de un aliento poético muy heterodoxo que la atraviesa de principio a fin.
Bordea ocasionalmente un kitsch sentimental, que se transforma en gratificante y excéntrica comedia involuntaria para el público ajeno al fenómeno fan. Lo positivo es el buen gusto de Niccol para la puesta en escena.
Diálogos excepcionales que ofrecen valiosas lecciones sobre el análisis del cine, destacando la importancia de que las palabras dejen espacio para la imaginación del espectador.
La película se destaca por no pretender ser una lección, y su final es un claro ejemplo de cómo se puede articular un discurso que invita a una discusión enriquecedora.
Galán es consciente de que está manejando un contenido delicado, optando por un enfoque didáctico. Su estructura cronológica y una perspectiva neutra, que balancea entre la nostalgia y la militancia, pueden ser elementos que generen puntos de vista divididos.
Una crónica fascinante donde intervienen la brujería, el narcisismo y la megalomanía de una industria en estado de exaltación descontrolada. Un documental mejorable, pero con un relato francamente irresistible.
Una apasionante crónica, con una fuerza abrumadora, conmovedora de principio a fin e importante por diversas razones. Es un retrato de personaje realmente soberbio.
El filme tiene el potencial de atraer a los niños, quienes disfrutarán de su animación sin cuestionar la falta de fluidez en el lenguaje. Sin embargo, puede resultar frustrante para los adultos debido a los diálogos pesados que intentan enseñar una lección moral.
Desafortunadamente, las elecciones de Dolan parecen más un estorbo para el mensaje que un apoyo para este. El elenco se ve obligado a interpretar con un exceso de emotividad que roza lo exagerado. Solo Cotillard destaca en medio de esta adversidad.
Para aquellos que disfrutan del romance con un toque nostálgico. La actuación de Lane brilla con una madurez impresionante. Sin embargo, la trama es bastante predecible y carece de sorpresas.
A lo largo del metraje, las filtraciones tóxicas, tanto literales como metafóricas, reflejan la caída de esta impresionante película. Está destinada a ser ignorada en un presente cínico, pero será reconocida en un futuro abierto al diálogo.