Para los incondicionales de Ozpetek será un inesperado jarro de agua fría. Una mezcla, a ratos eficaz, de vodevil petardo y ecos de vieja comedia a la italiana. Falso y acartonado costumbrismo.
Besnard busca crear una experiencia cinematográfica sensorial, pero termina acercándose al estilo visual que recuerda a la estética de un anuncio publicitario, como los de yogures o la miel industrial que intenta simular ser genuina.
Una comedia que ofrece agudas observaciones sobre las relaciones laborales, familiares y afectivas, destacando el intrincado retrato de un personaje que Sally Field interpreta con admirable entrega y versatilidad.
La destacada actuación de Rebecca Hall es lo que realmente resalta en esta propuesta, logrando dotar de profundidad y ambigüedad a un discurso que, por lo demás, puede parecer predecible y seguir fórmulas convencionales en su guión.
Una pareja de amantes se encuentra de repente en una situación donde sus identidades se intercambian, y los guionistas no han considerado necesario proporcionar una justificación narrativa.
Es una muestra de cinismo visual que carece de un real apego a las fuentes que menciona. No hay una verdadera evocación de la esencia dionisíaca del género; solo se imita sin ir más allá, lo que resulta en una experiencia bastante superficial.
‘Pagafantismo’ itinerante. Kruger muestra una sorprendente habilidad cómica. Este juego de humillaciones resulta tan predecible como la combinación de Chaumeil y Boon.
Adopta la forma de una comedia romántica para, poco a poco, ir desvelándose como su antítesis cínica y casi antirromántica. Un recital de situaciones embarazosas y humillaciones progresivas.
Una metacomedia romántica puede ser incluso más decepcionante que una comedia romántica convencional. Los personajes a menudo se obsesionan con su autoconciencia y la trama se convierte en una acumulación de clichés que intentan parecer más inteligentes de lo que realmente son.
Los personajes rompen constantemente la cuarta pared, hablan con sus propias versiones juveniles e inyectan constantes cargas de electricidad a un conjunto refrescante, seductor de principio a fin.
Vardalos no está detrás del guión, lo cual es evidente, pero la química del reparto transforma la película en una opción de entretenimiento válida, especialmente cuando se proyecte en autocares.
La película se convierte en el anacronismo que su cartel anticipa, representando perfectamente aquella obra que elige no cuestionarse ni plantear ningún tipo de conflicto.
Variable porteña de 'Alta fidelidad'. El material de partida no es ningún dechado de originalidad, pero la ejecución es enérgica y a la propuesta no le falta carisma.
La versión de Amélie en la película se aleja de la novela original. Liberski omite episodios clave y se enfoca en lo superficial, eligiendo crear una obra encantadora en lugar de explorar más profundamente la trama.
Singular, enérgico y sorprendente trabajo que se enmarca en una herencia de la Nouvelle Vague, enfocándose en recuperar la ligereza y la libertad de expresión en lugar de mantener una pose.
Un ejercicio de 'kitsch progre', de sentimentalidad un tanto untuosa, no puede evitar caer en la tentación de un paternalismo tan discutible como, en el fondo, delator.
Parecía complicado obtener un resultado positivo de un proyecto de esta magnitud. Sin embargo, Fesser lo ha logrado y ha reforzado su mensaje como autor.
La película destaca por su representación de tipologías femeninas poco exploradas en el cine israelí, ofreciendo una narrativa rica y compleja que la eleva.