La saga, aunque ha ido perdiendo la magia del original, se mantiene alejada de tramas rutinarias. La inestabilidad narrativa parece una reflejo de una mente enferma, pero su atractivo sigue siendo exclusivo para aquellos que son verdaderos aficionados.
Un descomunal juego de ingenio, algo que, a primera vista, parece desnudísimo para ir, poco a poco, revelándose como una intrincada y sibilina construcción.
Sobresaliente retrato del personaje que encarna Paulina García y modesta mirada a los provisionales momentos de plenitud que, en ocasiones, proporciona el azar.
La tensión se mantiene constante a lo largo de la película, lo que sugiere que Fede Álvarez es un director que va más allá de tener solo una identidad visual impactante.
El enfoque formal limita el discurso, reduciéndolo a un simple pretexto para mostrar la potencia de la dirección, que se siente más como una exhibición acrobática que como una expresión artística. 'Victoria' es una hazaña impresionante, aunque merecería una causa más significativa.
No es una película sencilla ni que busque complacer: a pesar de su fachada brillante, 'Eva' posee una fuerte personalidad y una inquietante profundidad.
Ofrece lo habitual: una copia del original para aquellos fieles que la aplaudirán sin dudar... además de amplias muestras de humor no intencionado para quien no esté convencido.
Es un buen 'blockbuster' de acción, pero llama la atención que sea tan frío. Más tradicionalista que renovador, tanto a nivel estético como narrativo, McQuarrie logra un resultado cumplidor, aunque no deja una impresión sorprendente.
La secuela intenta enriquecer la historia original al modificar el escenario y las dinámicas del relato. Sin embargo, el atractivo de estas innovaciones se desvanece rápidamente, ya que el resto se convierte en una sucesión de acción predecible.
Sádico ejercicio de terror agorafóbico. Roth tiene la extraña habilidad de lograr que sus golpes bajos dejen en el aire ecos estimulantes: carne y sangre están al servicio de un nihilismo con mordiente, ajeno a toda idiotez.
Material de serie B transformado en una explosión de efectos visuales, con una estética propia de un videojuego. La ejecución resulta fría y carente de energía, sin rastro de felicidad ni un espíritu vibrante.