Vendría a ser cualquier cosa menos únicamente un cuento de hadas; sería un cuento, pero envenenado. También sería un panfleto feminista, pero hipersensible. Y sería un relato edificante, pero con un toque acerbo.
Mantiene la tensión, presentando la guerra no como un concepto abstracto, sino como una experiencia impuesta que se vive en un contexto carente de sentido.