Impresionante debut. Termina por manifestarse como una dolorosa requisitoria por el respeto a la dignidad de los ancianos frente a los trágicos avances del inevitable deterioro.
Conmovedora ópera prima que redefine el empoderamiento femenino de una manera suave y sensual, evitando caer en el hembrismo o reproducir los esquemas machistas.
Constituye una conquista en la evolución del estilo nervioso-shocking pero sabio del inasible Dolan, añadiendo ahora a sus coqueterías manieristas algunos explícitos guiños al supercalculado cine improvisatorio de Jacques Rivette.
Sabe magnificar, con calculada discreción y subliminal eficacia, la plurisexualidad que se atreve a manifestarse con toda su fuerza y amplitud pero ni siquiera se toma ya la molestia de precisarse ni autodefinirse.
Exultante. Rinde alucinado y delirante culto ambiguo al visceral e irresponsable ímpetu creador vuelto finalmente cinismo que encarna el insuperable paranoicazo perfecto Tommy Wiseau.
Un retiro protegido que parece estar sumido en un letargo, evoca una entelequia del idealismo subjetivo, presentando y llevando al extremo las innovaciones de la fantasía visual al estilo de Fellini.
Se presenta con la habilidad y la autoconciencia propias de un film que pertenece a una generación que ignora los retorcidos conflictos existenciales de su predecesor, Ingmar Bergman.
Disemina a granel y se atasca con situaciones de vodevil para decir exactamente lo contrario de ese deleznado género popular e ínfimo, pues aquí todo será irónico y cambiante.
Plantea con informulable pudor la liviandad de sus impulsos carnales, cual meros movimientos corporales y anímicos, con elocuente y plástica elegancia, sin sensiblerías ni sexismo por edad.
Estructura a grandes trozos, o stanzas poéticas, su intenso drama mortecino y visualmente hiperreflexivo, a modo de una gigantesca búsqueda trascendental, a fuego lento pero quemante.
Mezcla sin mayor distinción varios géneros fílmicos en coctel, empezando por la primigenia road picture en episodios y a saltos imprevisibles, la cinta bitácora-itinerario plagada con letreros de ubicación espaciotemporal, [etc].
Aborda con ligereza y profundidad un tema tan delicado como las alarmantes tendencias suicidas de los estudiantes universitarios estadounidenses, culminando en una implícita opereta al estilo Lubitsch, con coreografías en fuentes majestuosas que podría cantar Handel, todo presentado con una elegancia inquebrantable.
Resume la sutileza, rezuma la tenue melancolía incurable y depura el deliberado tono ínfimo del mejor estilo minimalista de las cineastas argentinas actuales.
Brinda como enorme atractivo ficcional, aunque no el único, la incrustación o desvío de un haz de microhistorias, o briznas de anécdotas y relatos en la lisura luminosa y límpida lucidez del flujo narrativo.
Reclama, pese a su sencillez aparente, una polivalencia de significados y registros, al oscilar entre definiciones exultantes del cine de horror y del heroísmo satírico.