Ha trastocado los géneros estallados hollywoodenses para que la gozosa bio-pic imaginaria y la comedia financiera cínica se fundan en un híbrido agridulce de frenética andadura malvada.
Concatena de muy inteligente y emotiva manera varias historias a la vez, evoca con terca pasión las inasibles aventuras desventuradas pero rebasando cualquier sentimentalismo de un insoportable zumbido interior.
La femidentidad reconquistada reclama entonces, con el mayor derecho y sutileza, la dimensión de una revuelta moral prolongada que va involucrando en su seno resonancias y sueños reverberantes.
Esta obra establece un machismo devastador, presentando la violencia innata como una normalidad intrínseca al espíritu popular estadounidense. Sin embargo, posteriormente se da la vuelta a esta narrativa, exponiendo la miseria y el daño moral que oculta y perpetúa.
Añade a las olvidadas, y por ello muy novedosas, virtudes dramáticas y estetizantes del ya preconizado sigilo, una ausencia de énfasis y un rigor a toda prueba, para implantar un aura poética absoluta.
Se expresa mediante un relato fantástico-cienciaficcional-distópico de inesperados flujos y reflujos narrativos que asaltan sorpresiva y de manera constante al espectador.
Se apoya ante todo en un arte fílmico narrativo hecho de recursos tan inventivos cuanto poco aparatosos, incluso menos espectaculares que los del elegante huequito horror movie adolescente 'Está detrás de ti'.
La acumulación de hechos verídicos y detalles que parecen auténticos puede resultar abrumadora. Sin embargo, el resultado final se presenta, al estilo de Cortázar, como un viaje a través de múltiples viajes.
Se descodifica y se desmelena, acabando por purgarse, a medida que avanza dando tumbos y jadeos para ser destruido, como tragado por el hoyo negro de su propio impulso.
Marcha, de manera lógica afectiva extrema y con severo brío, hacia la desembocadura de todos los discursos lúcida y lucidoramente implicados, culturales, antiautoritarios, sexuales, a través del estallido de una revuelta múltiple.
La fuerza declinante culmina su opúsculo seco y enredado con una serie de planos elípticos en movimiento, rindiendo homenaje a un discurso triunfal que se desarrolla a través de ranas, ganado suelto y criaturas del desierto.
Se afirma entonces como un martirologio múltiple que arrastra consigo a la forma fílmica y a su negación de artificios o efectismos paranoicos hacia la historia de un romance innombrable.
Supercalculada aunque sensitiva, se revela en el límite y lo insólito como la pieza clave y el punto de inflexión de un incipiente pero poderoso estilo de Schleinzer.
Filma en los virulentos límites de lo humano y lo inhumano un trágico descenso a los horrores del trabajo forzado, no desde una perspectiva retórica o legalista como el patriotero Lincoln de Spielberg, sino de manera visceral, sin caer en el sensacionalismo ni en el melodrama sentimental.
El autodesmantelamiento consentido presenta una trama lineal que, aunque sencilla, se vuelve cada vez más extraña, manteniéndose siempre con un desapego casi artificial.
Alcanza sus puntos de sugerencia e intensidad expresiva más altos gracias a la aguda utilización por montaje de fragmentos de las mejores adaptaciones fílmicas.