Mezcla sin mayor distinción varios géneros fílmicos en coctel, empezando por la primigenia road picture en episodios y a saltos imprevisibles, la cinta bitácora-itinerario plagada con letreros de ubicación espaciotemporal, [etc].
Aborda con ligereza y profundidad un tema tan delicado como las alarmantes tendencias suicidas de los estudiantes universitarios estadounidenses, culminando en una implícita opereta al estilo Lubitsch, con coreografías en fuentes majestuosas que podría cantar Handel, todo presentado con una elegancia inquebrantable.
Resume la sutileza, rezuma la tenue melancolía incurable y depura el deliberado tono ínfimo del mejor estilo minimalista de las cineastas argentinas actuales.
Brinda como enorme atractivo ficcional, aunque no el único, la incrustación o desvío de un haz de microhistorias, o briznas de anécdotas y relatos en la lisura luminosa y límpida lucidez del flujo narrativo.
Reclama, pese a su sencillez aparente, una polivalencia de significados y registros, al oscilar entre definiciones exultantes del cine de horror y del heroísmo satírico.
Reclama la egregia dignidad visual e inspiracional de una saga nórdica con desastre de dimensiones telúricas afectando a cierta aislada familia rústica, a la vez que una parábola bíblica.
Un sincrético grado cero a medio camino entre una sequedad cercana al documental y una fantasía rural, un raro grado cero próximo al grandioso espectáculo muy viñeteado y al fabuloso drama pluritremendista.
Apabullante, ortando tajos de compacto tiempo cinematográfico una cotidianidad baldía y morosa, como si estuviese apuntalando la marcha de una tensa tragedia inexpresable y recóndita.
Se expresa estructuralmente en una superproducción de largo aliento donde se acogen y conjuntan a la Scorsese desde 'Casino' (93) archivos falsos o auténticos e irrupciones legendarias, una guía ilustrada para entender la cultura Osage.
Se desarrolla como una lenta ficción tan secreta como la idiosincrasia de su inubicable personaje central, en extraño tono deliberadamente menor, y casi hermética, llena en exclusiva de finos detalles oscuros.
Se maneja ante todo al interior de una dramaturgia de los intersticios literarios, dentro del rango de esplendentes sutilezas y sugerencias, en el nivel de lo no-dicho, en la profundidad a contraluz y en los claroscuros.
Una fantasía española desgastada, que resulta gratuita y superficial, llena de matadores y manolas, reflejando un círculo vicioso que se convierte en una retrovanguardia poco atractiva.
Mundo paródico del exotismo hastiante con gratuita vomitona en la calle subterránea y desvirgación homosexual como rito azteca y magno desfile disminuido del otrora Día de Muertos.
Hace desembocar su insaciable saga de la comicidad y su delirante sucesión de tableaux barrocos en una múltiple afirmación de la saña por el daño ajeno, al unísono malsano de una íntima tristeza reaccionaria y un autónomo/autárquico placer de narrar por narrar.
Lleva elegantemente su semblanza biográfico-histórica al terreno de la etopeya, o sea, el retórico cántico de las cualidades de un personaje excepcional.