Se ejerce básica, crucial e inesperadamente como una cacería enconada y recíproca del perseguidor y el perseguido, cual si se tratara de una ficción patafísica y metapsicológica factualmente borgeana del héroe y el traidor.
Propone una magna y arrolladora e incontenible fantasía poética so pretexto y origen curiosamente promocionales museísticos cuya estallante e irreprimible multidimensionalidad se torna tan evidente cuan eminente.
Una ficción que reivindica de manera casi hagiográfica a un mártir homosexual, una víctima singular de la homofobia institucionalizada. Este cruel caso ha sido ignorado incluso por la comunidad LGBTQ+ contemporánea. Se presenta como un elogio a la locura y una celebración de la diferencia.
A veces sorprende y siempre abruma, pero nunca emociona, al aplicar de manera indefectible la fórmula aleccionadora que resume poco desarrollo de abundantes eventos descabellados con demasiada presunta sustancia.
Configura una ardua, brillante y emotiva ficción, hermosa a su hiperkinética manera, que jamás se enfoca como una hazaña legendaria, ni como un viaje iniciático o mitológico.
Trasciende la gratuita metafísica grotesca del horror y la barbarie de los hechos, registrándolos y narrándolos siempre de manera subjetiva e impresionista, diseminados en sensaciones y visiones parciales, sin por ello prescindir de la pesantez y la gracia envilecida.
Sólo habrá de culminar como un relato abierto donde confluyen varias fuentes narrativas, como un borgeano jardín bifurcado en el especulativo imaginario de la sagaz heroína triunfante.
La valentía femilibresca transforma la estética visual en un espacio literario, con interiores verdosos y paisajes marinos grisáceos, donde las nubes negras evocan una atmósfera casi gótica.
La película se sostiene por su dulce y persistente toque de onirismo, que resulta ligero y etéreo. Su esencia acaricia y acompaña al espectador, impregnada de un sarcasmo notable y un divertido masoquismo.
El escamoteo magnífico logra realizar impresionantes cambios de tono y género, planteando la pregunta sobre si en la última fase de la modernidad cinematográfica los géneros no son más que variaciones de tono. Todo esto se lleva a cabo sin sacrificar en absoluto la elegancia de su estilo.
Sigue con delicia intimista los movimientos macropulsionales desarraigo/rearraigo desde un punto de vista lírico casi épico individual y radicalmente femenino, en la summa conjunción de temas.