Genera una fulgurante fantasía biográfica parcial que no debe advertirse como tal porque se basa sin mácula explicativa en el gran espectáculo de la creatividad y la decadencia en estado puro.
Se aplaza y divierte, rechazante, desesperante, erizante, exasperante y paralizante, no obstante reverberante, como los variables tonos anímicos de esta inusitada comedia fílmica.
Se extravía, por lo demás, en su sentido global, en sus sentidos y en los del espectador, dentro de una estética de la digresión, la dispersión y la falta de focalización del objetivo a narrar.
Da la grave y gozosa sensación de que, en todo instante, y secuencia por secuencia, cada episodio de su largo y profuso relato fílmico es una afirmación vital y un distinto elogio al padre.
Estructura hipersensiblemente una visión del Halconazo teniendo como relatos indirectos la crisis hogareña de una familia clasemediera profesionalizada y una documentadísima recreación de época persiguiendo tanto la precisión como la belleza.
Establece una atmósfera de violento thriller psicológico abstracto a lo linchador Lynch que domina hasta el desquiciamiento a base de ingredientes pura y exclusivamente auditivos.
Se siente compulsiva y reiterativamente obligada a saldar deudas político-morales pendientes, aunque sea por medio del maniqueísmo melodramático-intimista más agudo.
Prodigioso film. La búsqueda quimérica logra siempre la manera más original y estilizada, aunque sea de forma indirecta, de retratar las peripecias folclóricas, imaginativas y maravillosas.
La bendición omnisciente disfraza, traviste, encomia y rodea de dulzura mágica y maravillosa la crueldad del tránsito púber y la desfloración total para despuntar hacia la vida adulta.
Contempla en destructivo estado de exaltación constante el surgimiento de lo monstruoso y una existencialmente necesaria genealogía del mal, a modo de un minucioso pero colosal relato de aprendizaje al revés.