Se mimetiza con la inusitada grisura vertiginosa y decepcionada de sus recursos expresivos, el monólogo técnicamente preciso e impecable, la banalidad extrema del compulsivo acto gratuito.
Un Almodóvar más humilde que, por fin, se aleja de sus habituales y autoindulgentes excesos irreales para reencontrarse con sus mejores épocas, donde brillan las comedias posmodernas y los melodramas sublimes.
Una escritura cinematográfica lo contrario coloquialista, naïve o visceral, deliberada y propositiva en toda ocasión, por encima de cualquier pathos o tremendismo realista barato, en virtud de una constante elegancia y una altivez (jamás altivivez).
Saca el máximo jugo posible a una heterodoxa concepción del cine psicológico infantil, sorprendentemente basada en el incontenible gusto por la provocación heredada del director de Rojo profundo (76) y Alarido (77).
Ha trastocado los géneros estallados hollywoodenses para que la gozosa bio-pic imaginaria y la comedia financiera cínica se fundan en un híbrido agridulce de frenética andadura malvada.
Concatena de muy inteligente y emotiva manera varias historias a la vez, evoca con terca pasión las inasibles aventuras desventuradas pero rebasando cualquier sentimentalismo de un insoportable zumbido interior.
La femidentidad reconquistada reclama entonces, con el mayor derecho y sutileza, la dimensión de una revuelta moral prolongada que va involucrando en su seno resonancias y sueños reverberantes.
Neutraliza su emoción a base de la mayor pudibundería, melifluidad, fárrago discursivo, bienhechor turismo excelso, compasión, paternalismo y decepción desabrida que juntos imaginar se pueda.
Esta obra establece un machismo devastador, presentando la violencia innata como una normalidad intrínseca al espíritu popular estadounidense. Sin embargo, posteriormente se da la vuelta a esta narrativa, exponiendo la miseria y el daño moral que oculta y perpetúa.
Añade a las olvidadas, y por ello muy novedosas, virtudes dramáticas y estetizantes del ya preconizado sigilo, una ausencia de énfasis y un rigor a toda prueba, para implantar un aura poética absoluta.
Se expresa mediante un relato fantástico-cienciaficcional-distópico de inesperados flujos y reflujos narrativos que asaltan sorpresiva y de manera constante al espectador.
Se apoya ante todo en un arte fílmico narrativo hecho de recursos tan inventivos cuanto poco aparatosos, incluso menos espectaculares que los del elegante huequito horror movie adolescente 'Está detrás de ti'.
Consuma el prodigio de jamás caer en la chabacanería ni en la ñoñez de una cinta neta y limitadamente ejemplar, chantajista sentimental y edificante, al ilustrar y desbordar una trama de megapelícula sobre titánicos esfuerzos y sacrificios individuales.
La acumulación de hechos verídicos y detalles que parecen auténticos puede resultar abrumadora. Sin embargo, el resultado final se presenta, al estilo de Cortázar, como un viaje a través de múltiples viajes.
Se descodifica y se desmelena, acabando por purgarse, a medida que avanza dando tumbos y jadeos para ser destruido, como tragado por el hoyo negro de su propio impulso.