Se vuelca por completo y se sostiene de brillante manera en función de la extraordinaria secuencia del secuestro del enemigo alevoso, con una ejecución y un timing perfectos.
Filma en los virulentos límites de lo humano y lo inhumano un trágico descenso a los horrores del trabajo forzado, no desde una perspectiva retórica o legalista como el patriotero Lincoln de Spielberg, sino de manera visceral, sin caer en el sensacionalismo ni en el melodrama sentimental.
El autodesmantelamiento consentido presenta una trama lineal que, aunque sencilla, se vuelve cada vez más extraña, manteniéndose siempre con un desapego casi artificial.
La imaginería ígnea logra así conjuntar en una sola película-relectura de archivos ajenos, una síntesis y una revaloración de las altas cimas del cine de Herzog.
Alcanza sus puntos de sugerencia e intensidad expresiva más altos gracias a la aguda utilización por montaje de fragmentos de las mejores adaptaciones fílmicas.
Se funda como una narrativa original y provocadora para satisfacer la insaciable voracidad de esa ficción femenina, cuyos resortes reflexivos y antidramáticos se entrelazan con el onirismo, la ficción dentro de la ficción y el melodrama.
Revelador documental, puede restituir con gran eficacia la belleza, la armonía y la fuerza expresiva primigenia de un corpus de micropelículas que se adelantaron a su tiempo.
Se trabaja muy hábilmente desde un punto de vista anecdótico, no como unabiografía/autobiografía/ejecutoria, sino a saltos/asaltos vitales, híbridamente planteados y sin pretensiones ensayísticas directas, pero sí oblicuas e indirectas.
Renuncia por principio a toda grandeza o complicidad de la bio-pic tradicional para optar por la diseminada colección de estampas o viñetas, sin mayor solemnidad ni armazón ni ilación ni consecuencia trágica o melodramática o patética.
Demuestra saberlo todo y poder documentar y fundamentarlo todo acerca del mismo consabido rompecabezas de Janis, pero ordenado de muy otra manera inteligente y transgresora.
Apasionado filme se apoya en una fotografía despojada de glamour y deliberadamente de baja calidad de Pawel Edelman, junto a un montaje sinfónico hábil. Finalmente, se entrega a un tratamiento conmemorativo y biográfico.
Hace un delirante elogio pormenorizado a la alta cocina francesa y una declaración de amor loco a la autenticidad de la comida regional, en una fina y estilizada serie de variaciones ¿sólo? para gourmets galos.
Inframanchada secuela de una franquicia alemana particularmente vulgar e inconsecuente, suma de sketches autoexcitados con aventuras virilistas y sexoabsurdidades soeces.
Se revela y mantiene como cine de personajes con caracteres tan vigorosos cuan fuertemente tipificados que extrae lo más posible de sus intérpretes prestigiosos.
Plantea la posibilidad realizada de una gran comedia romántica cosmopolita contemporánea, un chick flick colosal con todos los mil veces regurgitados clisés del pasado hollywoodense.
Concibe e impone su dramaturgia como una lógica de impactos, una irrefutable sucesión de grandes secuencias-shocking a realizar con inequívoca brillantez y sangre a raudales.
El colapso corporal se consuma entonces como un verdadero y valedero Festival Cronenberg que incluye tanto la conspicua sublimación testamentaria como la irrisoria autoparodia deliberada.
Adopta una antidecimonónica estructura de relato nuevo: discontinua, subjetiva, ambigua y móvil, donde las crispadas voces obsedidas por la culpa y los malos pensamientos se espetan a cámara buscando su autonomía.