Un videojuego de alto perfeccionamiento y poco más. Aparece Jessica Biel, y francamente ya da igual que haya historia, vivos, muertos, aviones o tanques.
En esta obra todo resulta muy convencional, aunque al mismo tiempo es entrañable y tierno, sin dejar de ser rebelde. Aunque no ofrece nada innovador, Raymond ha dirigido con dedicación, logrando una conexión profunda y un sentido de épica notable.
Un reflejo fiel de lo que fue la serie: jocosidad sobre las llamas sin llegar a la altura de Willis y un buen puñado de dólares en acciones contundentes con contenedores volando y explosiones por doquier.
Formidable Cate Blanchett, que en cada actuación se hace merecedora de Oscar tras Oscar. Es un filme valiente, duro y, sobre todo, muy desesperanzador.
Jon Hamm realiza una actuación destacable, al igual que el resto del elenco. Sin embargo, la trama presenta un claro descenso hacia el infantilismo, acompañado de un guión saturado de elementos excesivamente dulces.
Tambores antes del habitual susto, crujir de madera, sombras inquietantes y, sobre todo, una notable repetición y lentitud en la narración que se vuelve interminable.
Ayouch coloca la cámara sin inclinarse hacia ningún partido ideológico o religioso; permite que los acontecimientos se desarrollen de manera orgánica. La potencia de la materia prima impulsa la película a un océano tempestuoso y de intensa fuerza.
Es hora de empezar a tomarse muy en serio a James Ponsoldt. Segel, en un trabajo encomiable, y un gran Eisenberg conforman un relato que muestra estilo y mucha clase.
El filme, como todos los de Russell, es un tobogán de ritmo, con caídas continuas en la monotonía y arreones de adrenalina en un relámpago. Su ventaja es que se rodea de un elenco de lujo.
El filme, que carece de calidad cinematográfica, está bajo la dirección de Anthony Wolken, quien actúa como si fuera un encargo de Mendes, lo cual podría ser cierto. Si es así, definitivamente le ha hecho un mal favor.
Genial homenaje al Méliès español. Lo más brillante de la cinta es que trasciende el monumento al pionero desconocido con un juego genial, digno de Orson Welles.