Lo más destacable es, sin duda, Nicolas Cage. Logra dotar de humanidad a su personaje de mago, añadiendo un toque de magia a 'Aprendiz de brujo'. Este es un gran mérito tanto para él como para el filme.
La utilización de los recursos del arcade y la repetición de situaciones al estilo de Hechizo del tiempo podría haber dado lugar a un subproducto más. Sin embargo, la película logra superar sus propias limitaciones.
En 'Feliz día de tu muerte 2', el aspecto aleccionador se vuelve esencial en la resolución del dilema, priorizando una intención moral sobre el mecanismo cinematográfico. Esto debilita la faceta cómica y afecta negativamente el resultado final.
Duro de cuidar consigue sostener a flote su propuesta. Es cierto que quizá eso no alcance para convertirla en una película memorable, pero sí lo suficientemente profesional como para que quien elija verla no solo no salga del cine decepcionado, sino bastante satisfecho.
El western ha sido históricamente un género político, empleado para reflejar la historia y los valores de Estados Unidos como nación. El director de 'Día de entrenamiento' aprovecha sabiamente esta herramienta.
Aquí todo se presenta de manera más convencional y, sobre todo, le falta el humor autoconsciente. Esa ausencia de humor, o mejor dicho, el fracaso en encontrarlo, convierte a 'La Princesa' en una experiencia insatisfactoria.
Aprovechando los recursos de las historias de fantasmas o de casas embrujadas, pero encontrándole una nueva vuelta de tuerca a partir del “elemento étnico”, 'Su casa' resulta una expresión del horror no solo como experiencia lúdica.
A partir de recursos simples y efectivos, David Lowery propone un relato que aborda con sensibilidad cuestiones como la muerte, el duelo y los dispositivos emocionales que se activan con la pérdida.
Una de esas películas que busca crear una atmósfera y un entorno cerrado, sin fisuras estéticas y evitando distraer al espectador con cambios de registro.
Consigue mantenerse por encima de la línea de flotación de un género como el terror, donde abundan los productos mediocres, pero no se atreve nunca a ir más allá de los límites que marcan el fin del terreno cómodo de las convenciones.
Wan hace alarde de virtuosismo. Desde lo narrativo, demuestra la solidez que sorprendió en El conjuro. Sin embargo, el problema de Insidious 2 radica en su incapacidad para crear nuevas propuestas a partir de viejas fórmulas.
La realizadora francesa construye un relato de la guerra moderna apelando a las imágenes que registran los pilotos de drones, con un nivel de detalle que recrea la fantasía orwelliana.
'The Grand Bizarre' se abre como un desafío a la capacidad del espectador para apartarse de la necesidad de un patrón narrativo clásico, permitiéndose la libertad de realizar una lectura poética de esa cinemática ruleta de imágenes y texturas.
'Favula' se aleja de 'P3nd3j05' desde su estructura. Mientras que esta última optaba por una desmesura operística, la primera se orienta hacia formas narrativas más sencillas, pero igualmente impactantes.
El director construye en 'El rostro' un laberinto de imagen y sonido en el que cada quien debe procurarse su propia salida. Y pese al uso repetido de ciertos recursos, vuelve a ofrecer una lección del manejo de la imagen, el sonido y el montaje.
Está filmada con una exquisitez formal y una potencia narrativa tal que es una tentación ponerse a describir en detalle cada una de las escenas que la componen. Un relato signado por la culpa, en donde el deseo es el motor de la acción.
La película cumple con su propósito, aunque no ofrece demasiados méritos que resaltar, salvo los aspectos técnicos. El resto se sostiene en un humor predecible, creado para operar en dos niveles.
'Flora y Ulises' se limita a seguir convenciones narrativas, presentando nuevamente la fantasía de una familia blanca y perfecta. En este sentido, la película queda rezagada.