Comete un error común al presentar a los periodistas de manera excesivamente estereotipada. El filme refleja la percepción que el espectador promedio tiene sobre una redacción y lo que significa ser periodista, aunque solo sea una representación ficcionalizada de la realidad.
No son pocos los momentos en que 'Viaje inesperado' queda lejos del cine argentino contemporáneo. Sin embargo, Jusid también consigue construir, de manera muy eficaz, ciertos paisajes emotivos.
Con empatía y sensibilidad, el realizador belga retrata el tránsito de dos chicos a la adultez, enredados en la mirada social sobre las relaciones masculinas.
Shinkai logra que los elementos religiosos en la trama se transformen en el inicio de una emocionante aventura. El director y guionista narra esta historia sin olvidar el humor y el absurdo, utilizando estos recursos para que el relato fluya de manera natural.
La película combina con eficacia las reglas del policial con el color local, cierto costumbrismo y una reconstrucción de época no exenta del comentario social.
Sin necesidad de grandes declaraciones retóricas, Navas logra que 'Las mil y una' actúe como un espejo de realidades y fantasías. La obra no carece de una mirada crítica hacia las clases sociales, dibujando un posible mapa de vida en los márgenes.
El director aprovecha el clima de géneros como el thriller y el terror para llevar al extremo ese temor a la pérdida que todos los padres han experimentado alguna vez.
Shinkai vuelve a demostrar su capacidad para abordar la fantasía sin perder de vista el paisaje real, en el que lo social tiene un lugar preponderante.
Funciona de a ratos, pero contribuye a un ambiente cada vez más empalagoso. Esta mezcla con el exotismo genera un pastiche que resulta tan deslumbrante como superficial.
Otro mérito de 'Yo soy Simon' consiste en contar la historia de un chico gay sin caer en estereotipos simplistas o caricaturescos. Este aspecto es significativo en una película donde los estereotipos no solo son abundantes, sino que también resultan molestos.
Ofrece el catálogo completo de angustias, miedos, ansiedades y deseos en pleno proceso de construcción, desarrollado con una patina de ligereza que sin embargo no le impide alcanzar momentos de cierta profundidad.
El trío de directores consigue trascender la mera copia, utilizando con gracia las referencias pero proponiendo un marco más amplio para su revisión cinéfila de la época.
Aunque parece un concepto novedoso, es en realidad otra variante de una de las ideas fundamentales del negocio de la escritura de guiones en Hollywood. El inconveniente de esta propuesta es que su enfoque se centra en la moraleja, y no todos los directores están preparados para afrontar ese reto.
La película de Lublinsky se esfuerza por evidenciar la puesta en escena, incluso a través del registro actoral. De alguna manera, logra recrear la sensación de ser espectador de otra época, similar a la que se experimenta al ver películas antiguas.
Todo esto suena fantástico y hasta cierto punto del relato lo es. El problema es que en algún momento asoma lo peor de la clase B y todo lo bueno de Criaturas nocturnas se va diluyendo.
Con mucho ingenio, Bersntein diseña un dispositivo que remite al arte de lo cinematográfico que es un muy modesto pero poderoso hallazgo. Nada que salve a la película ni que lo vaya a volver famoso, pero que merece ser reconocido.