Shinkai vuelve a demostrar su capacidad para abordar la fantasía sin perder de vista el paisaje real, en el que lo social tiene un lugar preponderante.
Funciona de a ratos, pero contribuye a un ambiente cada vez más empalagoso. Esta mezcla con el exotismo genera un pastiche que resulta tan deslumbrante como superficial.
Otro mérito de 'Yo soy Simon' consiste en contar la historia de un chico gay sin caer en estereotipos simplistas o caricaturescos. Este aspecto es significativo en una película donde los estereotipos no solo son abundantes, sino que también resultan molestos.
Ofrece el catálogo completo de angustias, miedos, ansiedades y deseos en pleno proceso de construcción, desarrollado con una patina de ligereza que sin embargo no le impide alcanzar momentos de cierta profundidad.
El trío de directores consigue trascender la mera copia, utilizando con gracia las referencias pero proponiendo un marco más amplio para su revisión cinéfila de la época.
Aunque parece un concepto novedoso, es en realidad otra variante de una de las ideas fundamentales del negocio de la escritura de guiones en Hollywood. El inconveniente de esta propuesta es que su enfoque se centra en la moraleja, y no todos los directores están preparados para afrontar ese reto.
La película de Lublinsky se esfuerza por evidenciar la puesta en escena, incluso a través del registro actoral. De alguna manera, logra recrear la sensación de ser espectador de otra época, similar a la que se experimenta al ver películas antiguas.
Todo esto suena fantástico y hasta cierto punto del relato lo es. El problema es que en algún momento asoma lo peor de la clase B y todo lo bueno de Criaturas nocturnas se va diluyendo.
Con mucho ingenio, Bersntein diseña un dispositivo que remite al arte de lo cinematográfico que es un muy modesto pero poderoso hallazgo. Nada que salve a la película ni que lo vaya a volver famoso, pero que merece ser reconocido.
La película se aleja del diálogo innecesario y de los discursos reveladores, optando por contar su historia a través de las acciones de sus protagonistas. Aunque estas acciones son numerosas, no generan más interés que las de la vida cotidiana de cualquier persona.
Un juego que logra poner los pelos de punta. Es un ejemplo destacado de un cine que consigue integrar, con éxito, las interfaces gráficas de diversas plataformas digitales en su narrativa, reflejando así la realidad de la vida social actual.
En su riqueza narrativa, 'Mate-me, por favor' se torna kuleshoviana gracias a los juegos de montaje, a veces excesivamente gráficos. La película y su estreno reflejan de manera urgente una perspectiva sobre el estado actual del mundo.
Entre los muchos logros de esta agridulce comedia italiana está el de retratar de un modo extraordinario el paso del mundo de la infancia al de la adolescencia de su protagonista.
Hay algo de exceso, un problema de ritmo demasiado laxo, algo curioso en un relato con tanto peso de lo musical. El cuento se hace largo y no pocas veces redundante.
Aunque habla de un protagonista, Nicolás, la estructura del arco dramático que traza el film bien puede trasladarse a casi cualquier joven. Al mismo tiempo, esta cuarta película de la directora de 'Una semana solos' es también una nueva versión del mito edípico.
Rejuntado de todas las convenciones de las películas románticas para adolescentes y los dramas familiares, el film de Cutler recorre todos los clichés del cine comercial. Se siente como una recopilación de lugares comunes, lo que lo convierte en una experiencia poco original.
El uso de subtítulos en Ragazzi se convierte en un vehículo para una poesía ostentosa. Sin embargo, hay un notable descuido formal en la sintaxis, ortografía y puntuación, lo cual resulta sorprendente en un director que generalmente presta atención al buen uso de las herramientas del lenguaje cinematográfico.