Puede que sea esperar demasiado de la adaptación televisiva del best seller del año pasado pero algo me dice que Elizabeth Zott hubiera preferido la honestidad a la condescendencia.
La dinámica narrativa entre Hernández y Lindelof, junto con la interpretación ágil de Gilpin, respaldada por un elenco destacado que incluye a David Arquette, Chris Diamantopoulos y Katja Herbers, logran un notable impacto.
En un momento, la serie transita de un humor oscuro a un tono macabro que roza lo excesivo. Al llegar al final, no resulta ser una gran revelación, pero aun así, disfruté del proceso.
Inquebrantable en su denuncia de un sistema que trataba a estas familias como menos que humanos, es una conmovedora acompañante para 'Rez Dogs 'y 'Dark Winds'.
Shatz y Barash logran una estructura relajada, alternando con agilidad entre diferentes áreas y asegurándose de mostrar el tiempo que cada individuo pasa fuera de su entorno laboral para ofrecer un retrato integral de cada persona.
Al concluir la temporada de seis episodios, la historia ha sucumbido a la emotividad excesiva, a pesar de las destacadas actuaciones de Gilpin y Kitsch.
Una serie que, aunque carece de enfoque y presenta un guion irregular, destaca por sus maravillosas interpretaciones. Su ambición es notable y se siente una originalidad poco común en el género, aunque la creadora no logra equilibrar la disonancia tonal.
Adopta la forma de una historia policíaca 'neo-noir'. Pero dentro de esa estética sombría oculta, entre otros temas convincentes, una ambiciosa deconstrucción del género.