Es una de esas raras ocasiones en las que una película logra cumplir con todas sus intenciones. Queda la sensación de que adjetivos como 'encantadora' y 'carismática' han sido utilizados para describir producciones inferiores a esta.
'Aladdin' es una película maravillosa. Verla es convertirse en el niño más pequeño, boquiabierto ante la sensación mágica que hay en la pantalla, al igual que el adulto, ansioso por reírse con su humor sorprendentemente travieso.
Esta 'Ben-Hur' del siglo XXI es más flemática que horrible, y en líneas generales, un trabajo aburrido y letárgico que no es suficientemente malo para cabrearse. De lo que carece, en su mayor parte, es de una razón convincente para existir.
Una de esas películas que hacen plantearte qué es lo que el director pensó que estaba haciendo. O quién disfrutaría con lo que sea que tuviese en mente.
Es una película lenta y en ocasiones bastante superficial. Zwick la dirige con elegancia, pero el resultado final no alcanza la relevancia que uno esperaría.
Bergman está presente en muchos aspectos, pero no donde realmente se le necesita. Esto no implica que Bille August realice un trabajo torpe o ineficaz, pero le falta ese componente que solo Bergman podría aportar: una intensidad y emoción más profundas.
Enfrentada a la personalidad volcánica de Cobb, la película se muestra desconcertada, sin poder decidir si debe divertirse, compadecerse, admirar a regañadientes o simplemente disgustarse.
En el mejor sentido, 'Cafe Society' se presenta a sí misma como una película de un director más viejo, lidiando con la diferencia entre los sueños y la realidad y la presencia y la persistencia del arrepentimiento
Tiene buenas intenciones y es ligeramente divertida, pero al intentar modernizar su historia ha perdido muchas de las cosas que hacen que la original sea tan memorable y no ha ganado mucho a cambio.
Un thriller romántico de la Segunda Guerra Mundial, bellamente dirigido, impulsado por actuaciones cautivadoras y encuentros sexuales intensos, además de estar inspirado en una curiosidad histórica poco conocida.
La combinación de fortaleza, moderación y pasión por el juego de Robinson era impresionante. No puedes evitar quedar atrapado en esta historia, incluso cuando estás deseando que el relato sea más intenso de lo que es.
Ha costado casi doce años llevar el inteligente, reflexivo y psicológicamente complicado guión de Eric Roth a la pantalla, con una dirección cuidadosa y metódica de De Niro, y es fácil comprobar por qué.