La película de Ben Taylor aborda la fecundación in vitro con un guion excesivamente literal y un tono que mezcla ironía con un exceso de sentimentalismo, lo que termina por restarle frescura y humor al relato.
Una animación poco atractiva que se siente como una mera estrategia de marketing, donde los personajes de Star Wars disfrutan de un crucero mientras comparten sus vacaciones más memorables.
Una película que explora de manera impactante la vanidad presente en Hollywood, el sadismo en las relaciones humanas y la habilidad del ser humano para autoengañarse.
Es casi indecentemente apasionante, filmada sobre la marcha y montada por la directora Madeleine Gavin con un sentido consumado del ritmo estructural y la fuerza emocional. Sobresaliente.