Una historia sobre la moralidad y los medios, agudamente observada, bien interpretada y dirigida con cariño, que resuena mucho más allá de su localización en los años 50.
La intrigante relación entre Irons y Lone merece ser destacada, sin embargo, la película se sitúa en un periodo histórico significativo que no siempre se retrata con la fidelidad adecuada.
Después de seis películas, Zombie aún no logra ofrecer una narrativa innovadora, crear personajes que tengan más profundidad que su maquillaje o dirigir escenas de acecho que sean realmente intrigantes, ni momentos de violencia que realmente impacten.
Es inquietante el trabajo de alguien que parece considerar los asesinatos masivos como algo atractivo y que carece de empatía hacia las personas comunes, aunque recrea con éxito la atmósfera de la década de los setenta.
Además de ser completamente derivativa, se siente como una 'película-contenedor', una copia exacta de un producto ya existente sin corazón ni originalidad.
Las actuaciones perfectas de Day-Lewis y Postlethwaite consiguen mucho más que una docena de artículos a la hora de remarcar una reflexión inolvidable sobre los errores de la justicia.
Una película bien elaborada y entretenida, con una excelente puesta en escena. Sin embargo, no aporta nada nuevo al género. Es un reflejo del tipo de terror de su época, aunque logra cumplir con su cometido.