El resultado es equilibrado y humorístico, y en cierto sentido –como en pocos filmes sobre “gente que vence adversidades”– una auténtica aventura. Que es comedia y drama y tragedia e inspiración y poesía sin subrayar ningún trazo.
Hay un misterio, pero aunque la película ofrece momentos interesantes, en un momento dado se rinde a una estructura predecible, incluso en sus giros. La trama se pierde entre el uso de flashbacks y recursos para impactar al espectador.
Anderson parece llevar al extremo el ejercicio de rodar con tensión absoluta en cada secuencia, algo que fue la marca distintiva de Martin Scorsese. Lo más interesante es cómo lo logra film a film, casi como si estuviera creando una enciclopedia.
La película combina documental, animación, biografía y melodrama en poco más de 20 minutos. La voz de Larkin, marcada por los excesos, aún revela una notable lucidez sobre su arte. Este film rinde homenaje a él y a un tipo de arte que a menudo ha sido subestimado.
Hay un uso de los fondos y una sutil intervención de lo digital que nos “mete” en esa aventura absolutamente peligrosa y obsesiva que consiste en subir a una montaña casi inaccesible.
Da miedo, porque los cineastas han sabido cómo filmar para contagiar ese miedo, esa ansiedad, la angustia de estar en una situación imposible sin más posibilidad que seguir. Angustia elegida, y eso también es temible.
Es Hopkins el sostén de la obra, y su Oscar está bien merecido, ya que aporta humanidad e ingenio a su personaje. Colman brilla como una extraordinaria compañera en este juego, que no se puede llevar a cabo en solitario.
El problema fundamental de una película como esta, casi proselitista, es que la interpretación de Julianne Moore se presenta como un efecto especial, un mero alarde técnico, sin más.
Su relato nos toca de cerca, cada uno de nosotros ha vivido una situación similar y la lupa del cine nos permite verlo con una dimensión nueva. No deja de ser un buen cuento, y en esa característica se encuentra su mayor virtud.
Con mucho humor y muchísimo color, detrás de este circo con animales y todo hay un cuento profundamente humano. Sería deseable ver la película (o la trilogía completa) más allá del sello Marvel o las modas.
A partir de una fábula aparentemente conocida, Petzold logra retratos humanos complejos sin caer en lo discursivo. De eso se trata, finalmente, la gran potencia del cine.
Es un grupo de actores a los que queremos mucho. Son carismáticos, pronuncian frases memorables, hacen chistes y, sobre todo, se aprecian entre ellos. Si no regresan, los extrañaremos.
'Sonic' no es mala, simplemente no es. Construye un bastidor de historia para disponer de escenas de acción que ya sabemos cómo terminarán, y cierra el asunto con una declamación sobre la amistad.
La experiencia en pantalla grande es extraordinaria, está a la altura de los momentos más espectaculares de Scorsese y cada plano está saturado de detalles.