Es excelente en todos los aspectos técnicos y estéticos. Dirige un notable realizador de westerns modernos, James Mangold, un director que merece una reevaluación seria.
El film cumple con los aspectos biográficos necesarios para explorar su tesis, y eso es suficiente. Hanks es el único actor que logra aportar humor sin caer en la exageración.
La película es inteligente al abordar estos temas a través de una narrativa casi coral que explora el poder y su ejercicio, lo que nos invita a reflexionar sobre cuestiones más profundas.
Hay más de una modificación respecto del original, pero el acierto radica en que son correcciones que otorgan un peso propio al film sin traicionar el espíritu del original. Sin embargo, en varios momentos, la duración se siente excesiva.
El empleo de los recursos cinematográficos, los encuadres, las locaciones y lo meramente “técnico” en general es de una inventiva gigante. Emoción pura y genuina.
La película ajusta adecuadamente lo necesario para mantenerse fiel tanto en espíritu como en la historia a la obra original. Es igual de buena y, al mismo tiempo, diferente.
Como la original, la película retrata a una generación y un contexto social precisos. Lo más destacado es cómo el director logra inyectar el humor “a lo bestia” español, surgido del esperpento y que catapultó al gran Miguel Gila.
Solo la primera secuencia basta para evidenciar que esta película emplea los recursos del género con un propósito diferente. El director ha conseguido crear una obra destacable que, además, otorga un nuevo significado a la obra literaria original. No es un logro menor.
Hay de todo, y hay humor y nostalgia. Más allá de que Boyle puede, en este mundo y gracias al punto de vista alucinado de sus personajes, hacer todo lo que se le ocurre con la cámara, la luz y el montaje, se nos muestra que el tiempo nunca regresa.
La película padece de ciertos problemas de ritmo, sin embargo, Stiller y Adams, interpretando a padre e hijo, logran algo excepcional. Stiller se destaca como un gran actor gracias a su talento como comediante.
Está contada con una sensibilidad y un humor poco comunes. Los lugares comunes que aparecen aquí y allá molestan poco porque la autenticidad del juego hace de las situaciones algo único para el espectador.
Cranston y Hart son talentosos comediantes, lo que hace que la experiencia sea entretenida. Sin embargo, hay momentos en los que se pierde el hilo y se confunden las escenas de unas versiones con otras. Es interesante cómo las traducciones pueden alterar la percepción de la historia.
No, no la descarte de entrada. El film es simpático y trata de respetar al espectador mucho más que los viejos entretenimientos familiares de vacaciones.
El acierto radica en que todo presenta una dimensión humana. Hay una mezcla de humor y, desde su épica mínima, se aborda el heroísmo junto a temas que trascienden la realidad actual.
Por momentos, hilarante; por momentos, en busca de una emoción forzada, tiene en el trabajo dinámico de los actores el mejor argumento para que el espectador se sienta reconfortado.
Dejando de lado algunos momentos casi alegóricos, Virzí logra contagiar la alegría que menciona el título al espectador, y disolver el peso trágico de algunos sucesos, como pasa con el tiempo y la vida real.