La adaptación de la novela de Tomás Eloy Martínez, una de las obras más destacadas de la literatura argentina en las últimas décadas, es impecable. Sin embargo, su mayor error radica en que se limita a ilustrar el texto en lugar de desarrollarlo de manera más orgánica.
Aunque no carece de algunos excesos melodramáticos, esta película -adaptación literaria, además, algo que se nota en su estructura- tiene más de una componente interesante.
Una lección de moral que mezcla elementos de Billiken y un freudismo anticuado, sin hacer justicia al mito ni a la formidable mujer que lo representa. Es probable que logre algún Oscar.
Casi toda la acción se desarrolla en unos pocos escenarios; sin embargo, hasta el impresionante final, todo transcurre con lo mínimo. A pesar de esto, la tensión, el drama y el misterio no dejan de crecer.
Con los elementos del más típico melodrama, Catherine Corsini realiza varias labores: rinde homenaje al género, examina sus estructuras y revela la oscuridad que puede haber detrás de las pasiones más altruistas.
Michael Keaton es un actor cómico y peligroso, su ambigüedad lo lleva a hacernos sentir tanto simpatía como rechazo en momentos dentro de la misma escena. Con su actuación, transforma una película poco imaginativa en un verdadero campo de juego para su gran talento.
Un film de aventuras con muchos efectos especiales, pero donde lo que más cuenta es lo que hacen los personajes, especialmente Chris Pine y Casey Affleck. Ellos dos y el resto del elenco hacen que la película supere el estadio de la hazaña técnica.
El resultado es dinámico, tiene momentos muy buenos y personajes un poco desbordados y se acerca a lo más humano que los realizadores hayan concretado en su carrera.
Todo funciona y la película resulta emotiva por los motivos adecuados: cuando nos hace lagrimear es cuando descubrimos que lo único que declara la película es que toda vida es sagrada y que la justicia, (...) nos iguala y nos protege.
El juego de opuestos entre Amy Adams y Christoph Waltz funciona muy bien, y la película en sí misma es de un sabor agridulce que parece reflejar de modo muy preciso el estado de ánimo del director.
Esta historia sobre los inicios de los Four Seasons y su vocalista, Frankie Valli, es directa, respeta el material original y presenta todas las canciones en su versión completa.
La belleza de las imágenes trabaja en perfecta armonía con la historia cautivadora. Totoro es un universo propio, un filme que todo verdadero amante del cine debe experimentar.
Absolutamente amable, la película logra demostrar que Martín Piroyanski es un gran actor cómico que, en cualquier otro contexto hoy, sería una estrella del género. Es una propuesta válida y entrañable.
El factor humano se disuelve en esa última media hora de truculencias varias. Es una pena, porque el material no es del todo malo y por momentos Wright parece preocuparse por lo que narra.