La belleza de las imágenes trabaja en perfecta armonía con la historia cautivadora. Totoro es un universo propio, un filme que todo verdadero amante del cine debe experimentar.
Absolutamente amable, la película logra demostrar que Martín Piroyanski es un gran actor cómico que, en cualquier otro contexto hoy, sería una estrella del género. Es una propuesta válida y entrañable.
El factor humano se disuelve en esa última media hora de truculencias varias. Es una pena, porque el material no es del todo malo y por momentos Wright parece preocuparse por lo que narra.
El grado de precisión emocional y la ternura con la que Almodóvar desarrolla al protagonista, junto con un sutil sentido del humor, convierten a esta película en una obra que solo un gran cineasta puede lograr: un fragmento de la vida misma.
Es una fantasía, una especie de fluir de la conciencia pop que narra la vida del cantante británico de la única manera en que es posible: como un gran musical colorido y festivo incluso en sus momentos más o menos trágicos.
La película explora el proceso de adaptación de un libro, mostrando cómo, en el filme, se manifiesta de manera casi tangible. Esta característica le brinda a la intrigante aventura oscura una profundidad poco común dentro del cine.
Es un film de los Farrelly que se desarrolla en un tono más sutil, basado en el absurdo total, al igual que otras obras de este dúo. Viggo y Ali sostienen la trama de manera impecable.
Aunque no es lo mejor que ha creado McKay y en ciertos aspectos resulta demasiado progresista, el resultado, tanto como invención como en su método, sigue siendo interesante.
Hay un uso desmesurado de la explicación, una saturación de planos y emociones y un tempo que disuelve en gran medida el impacto del film. Que es mejor que la media, de todas formas, aunque decepcione al seguidor del realizador.
La película es original y precisa. Natalie Portman logra dar vida a su personaje, comprendiendo a fondo su esencia y cómo transmitirlo al espectador. Es un verdadero ejemplo de buen cine.