La película combina cierto humor negrísimo y evidente con un aliento trágico, creando un mundo finalista y sin salida, respaldado por imágenes que en ocasiones son poderosas.
El cuento se narra de un modo coral, con muchos personajes y ningún protagonista excluyente. Un mérito, porque los nombres famosos no opacan a los demás y es el conjunto lo que importa. Sí, hay sexo y está bien filmado, de manera realista y no con la intención de excitar al espectador.
La noche y la Buenos Aires alucinante e irreal que captura la cámara, junto con la historia misma, convierten la trama en algo universal. Esta universalidad conlleva una ambigüedad que invita a una reflexión más profunda, alejándose de los clichés habituales.
Con herramientas del cine de aventura y del western, Borensztein presenta el choque entre los personajes de Darín y Martínez, quienes aprovechan al máximo la ocasión. Se entiende por qué su trabajo atrae al público.
Hay momentos sorprendentes, aunque no son suficientes para llamarla una gran película. Depp es responsable de lo mejor y culpable de lo peor en este extraño film.
Excelente novela de Thomas Pynchon y una adaptación interesante de Paul Thomas Anderson, uno de los creadores más singulares del Hollywood contemporáneo, que lleva la historia a la pantalla. Se presenta como un thriller, pero también como un retrato del mundo posterior a los años sesenta y como una comedia.
Una genialidad de Affleck, es muy entretenida, un tren narrativo que últimamente falta en cualquier pantalla. Lo de Arkin y Goodman es maravilloso, polenta cómica del mejor cuño.
Ese matiz, ese terror que asoma por momentos, es apenas una excusa para el chiste retorcido, pero previsible. Quizás Burton haya, finalmente, dejado la infancia. Sería una pena.
Todo es demasiado prolijo, fiel y controlado al extremo, lo que redunda en una ilustración con poca vida (toda la que hay es la de Oldman) de una gran novela.
Un personaje tan complejo y único merecía un filme que provocara emociones, ya sea a favor o en contra. No obstante, la película resulta ser anodina y decepcionante.
La película presenta momentos de humor y elementos creativos, además de mantener tensiones narrativas. Evita el principal inconveniente de las “películas de náufragos”, que es la sensación de inmovilidad, y lo hace de manera elegante. Es una excelente opción incluso para disfrutar en familia.
El paso de Joe Pesci de este film al mafioso calmado y resignado en 'El Irlandés' refleja cómo Scorsese ha evolucionado en su percepción del mundo, la historia y la naturaleza humana.
Es cierto que hay muchas ficciones similares, pero eso no quita que el retrato que se construye en esta no sea competente y lo suficientemente ambiguo como para que nos cueste tomar posición. Y eso es una gran virtud.
Una película que además nos ofrece una sana reflexión: pensar qué es aquello que nos desencadena la carcajada, cómo la peor desgracia puede ser, desde la distancia justa, un motivo para la comedia.