Las secuencias de acción son impresionantes y su nivel de realismo es notable. Sin embargo, lo más fascinante radica en los conflictos internos de los personajes, que son los que realmente generan tensión. Es una gran película, más profunda en sus ideas de lo que podría parecer a simple vista.
Hay momentos en los que la narrativa se siente apurada, como si se hubiera tenido que concluir el guión de forma precipitada en el último tercio. Sin embargo, la simpatía de los intérpretes, junto con la atmósfera y ciertos instantes, logran justificar el visionado.
Lo malo: es una película de terror repleta de clichés que rara vez logra evocar ese vacío y la incertidumbre que suelen generar miedo. Se siente como una más del género.
La película combina cierto humor negrísimo y evidente con un aliento trágico, creando un mundo finalista y sin salida, respaldado por imágenes que en ocasiones son poderosas.
El cuento se narra de un modo coral, con muchos personajes y ningún protagonista excluyente. Un mérito, porque los nombres famosos no opacan a los demás y es el conjunto lo que importa. Sí, hay sexo y está bien filmado, de manera realista y no con la intención de excitar al espectador.
La noche y la Buenos Aires alucinante e irreal que captura la cámara, junto con la historia misma, convierten la trama en algo universal. Esta universalidad conlleva una ambigüedad que invita a una reflexión más profunda, alejándose de los clichés habituales.
Con herramientas del cine de aventura y del western, Borensztein presenta el choque entre los personajes de Darín y Martínez, quienes aprovechan al máximo la ocasión. Se entiende por qué su trabajo atrae al público.
Hay momentos sorprendentes, aunque no son suficientes para llamarla una gran película. Depp es responsable de lo mejor y culpable de lo peor en este extraño film.
Excelente novela de Thomas Pynchon y una adaptación interesante de Paul Thomas Anderson, uno de los creadores más singulares del Hollywood contemporáneo, que lleva la historia a la pantalla. Se presenta como un thriller, pero también como un retrato del mundo posterior a los años sesenta y como una comedia.
Una genialidad de Affleck, es muy entretenida, un tren narrativo que últimamente falta en cualquier pantalla. Lo de Arkin y Goodman es maravilloso, polenta cómica del mejor cuño.
Ese matiz, ese terror que asoma por momentos, es apenas una excusa para el chiste retorcido, pero previsible. Quizás Burton haya, finalmente, dejado la infancia. Sería una pena.
Todo es demasiado prolijo, fiel y controlado al extremo, lo que redunda en una ilustración con poca vida (toda la que hay es la de Oldman) de una gran novela.