Crítica de la 4ª temporada, Parte 2: La dedicación hacia cada una de las criaturas y la profundización en el angst adolescente han dado lugar a un producto audiovisual que, a pesar de sus debilidades, resulta verdaderamente épico.
Notable mirada sobre la idea de vivir un secreto que, más allá de ser pensada como un retrato de la discriminación, va más allá de la circunstancia histórica en la que se narra.
Guadagnino, gran retratista de la juventud contemporánea, logra algo raro: un film original y “setentista” en el mejor (y más cinéfilo) sentido del término.
Como sucede a menudo, una obra externa se convierte en la base de sus temas. No siempre es la película mejor lograda, aunque en este caso, la habilidad de crear cine a partir de una literatura compleja compensa la carencia de un centro emocional.
Esta miniserie documental cubre el hecho histórico en el que se basa la serie con precisión y detalles de una tristeza apabullantes. Sin hacer concesiones ni regodearse en el morbo.
Una película destacada por su sorprendente perfección en el encuadre y el montaje. El gran mérito de este descenso profundo al infierno personal de un personaje excepcional es que cada plano logra evocar incomodidad y miedo.
Está bien narrada y muestra que este tipo de drama se adapta mejor al formato televisivo. Hay momentos de gran tensión narrativa y visual, logrando un equilibrio perfecto.
Un fenómeno de culto. Melodrama, romances, peleas y la presencia de unos rusos malísimos en el sótano casi infranqueable de un shopping center. La mejor temporada de la serie insignia de Netflix.
Todavía Hollywood puede contar esta clase de historias, más allá de la recurrencia al cliché, y que resulten tan atractivas como una ficción. Lo mejor, como siempre en estos casos, son los actores, en una puesta en escena convenientemente anónima.
Lo que una serie debe hacer con tanto material al mismo tiempo verdadero e inverosímil es darle credibilidad, mantener su fuerza épica y trágica y transmitirla al espectador. Esta versión de la vida del campeón de los medianos lo logra con creces.
Lo interesante es que uno nunca sabe para qué lado va a ir el episodio siguiente, y la serie lo logra sin traicionar al espectador ni pistas falsas, con personajes que siempre son humanos y creíbles.
Es un canto de amor de los autores por la década en la que vivieron su infancia; presenta un elenco de personajes entrañables. La fortaleza y el atractivo están presentes, sin importar los muchos homenajes y la memorabilia audiovisual que se incluye.
Es tan buena como la serie original, y ha sabido forjar su propio camino al construir un universo distintivo. La aparición de lo incorrecto en ese pequeño nerd aporta una frescura auténtica, sin dejar de lado la melancolía del genio.
Theron, con su cuerpo y su rostro, es un festival, una exhibición virtuosa de cómo una intérprete puede hacer del cine de acción un arte abstracto y preciso que justifica la experiencia en la pantalla gigante.
Al realizador Gaghan le importan más los avatares del capitalismo que el drama o la comedia del hombre en peligro, más el periodismo que la literatura, y eso vuelve insatisfactorio a un cast, en otras manos, perfecto.